domingo, 12 de junio de 2022

 

Una cita con Hernán Oliva.

Ed Pareta

Este texto fue publicado en la edición número 3 de la revista cultural: "La Tapera del Desierto" / Ed Diarios del desierto.

 

Le pediré prestadas las herramientas al escritor para conciliar los tiempos y los mundos.

También pediré prestado un violín que haya sido fabricado en Isidora y esté afinado a 440.

La cita será después del mediodía: un domingo.

Estoy seguro que asistirá porque un solista de jazz, si tiene la oportunidad; quiere mejorar la performance de sus solos. Se fue a otro plano pensando que el sólo de After you gone lo resolvió apresuradamente esa noche en la fiesta anual del círculo de contadores en el centro de Buenos Aires, o en el tema: “El paso del tigre” cuando dobla el tiempo; por unos segundos, se quedó con el tempo anterior. Eso le pasó otra noche tocando en la boîte La Chaumiere acompañado, entre otros, por Enrique Villegas al piano.

Prepararé una mesa con una botella de buen Whisky encima, dos vasos, dos sillas cómodas alrededor y nada más.

Si viene; estoy seguro que va a venir, no creo que se acuerde de mí, solamente lo crucé algunas noches en las calles de San Telmo cuando yo tocaba salsa y el tocaba algún tango desde la ventana para que le tiren un cobre, a veces, lo dejaban tocar adentro de los locales pero el encargado le decía: sólo tres temas, en algunos casos; ni siquiera bajaban la música funcional del boliche.

El año en que murió, un conductor famoso de televisión lo llevó al piso y tocó el violín solo. Fue en la televisión pública.

Murió de frío, en la calle. Abrazado al estuche de su violín,  una noche de magra cosecha, aferrado a su decisión de ser músico en lugar de abogado como pretendía su padre en su Valparaíso natal.

Si viene Hernán Oliva a la cita, estoy seguro que va a venir; hablaré poco, ni falta que hace, lo dejaré tocar hasta que repare todos los “errores” que él crea que tiene que reparar, aunque los respectivos auditorios nunca se enteraron de esas fallas.

No llamaré a nadie para que comparta ese momento, quiero que toque para mí y nadie más, me nutriré con el celo de un melómano.

Será un domingo después de mediodía y nos quedaremos hasta que el lunes llegue manso y sin pretensiones.

Ese domingo, si viene. Estoy seguro que va a venir; ya no será un páramo.

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