Choferes II
Elbio
En las giras largas, el “Langa Solís” contrataba al
Cordobés, que era un hombre con un volante redondo como extensión de su cuerpo,
podía manejar miles de kilómetros sin bajarse del micro, era feliz conduciendo
y contando anécdotas o chistes mientras alguien le alcanzara un mate y lo
escuchara.
Los viajes con Elbio Mazzuco, así se llamaba el
cordobés, eran divertidos y se hacían más cortos. Cuando se acercaba a una
caminera, se producían momentos muy cómicos, el “Gordo” Elbio gozaba diciéndoles
datos equívocos, a sabiendas de que tenía todo en regla en el vehículo.
Los camineros, luego de una inspección detallada del
micro, le preguntaban a quien
transportaba, a músicos les contestaba Elbio, entonces, atendiendo al prejuicio
sobre la bohemia de los artistas, le pedían autorización para subir y revisar
las cuchetas para, presumiblemente, encontrar drogas. Ante el resultado
negativo sobre la portación de estupefacientes, los policías volvían a la carga
y se escuchaba un dialogo así:
-
¿A quién dijo que transporta?
-
Al conjunto Los Harlem Globetrotters.
-
¿Qué música hacen?
-
Cumbia
-
¿No tendría un compact disc para llevarle a mi mujer?
-
No, de ellos no me queda pero te puedo dar uno
del “Langa” Solís.
Los coimers se
empezaban a avivar que les habían tomado el pelo pero ya era tarde, Elbio ponía
primera con una sonrisa dibujada en su rostro, miraba por el espejo interior
para buscar complicidad, nos reíamos y pensábamos; zafamos nuevamente pero
algún día vamos a quedar pegados.
Un día de feriado nacional, íbamos viajando a Chos
Malal desde Neuquén capital por la ruta 40, nos paró un retén de la Gendarmería
nacional y con caras de pocos amigos, subieron al micro. Un gendarme empezó a
contar en voz alta a las personas que viajábamos: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9,
10, 11, 12, 13, 14. Cuando concluyó, Elbio le dijo: 15 te gané. Nos miramos
todos porque pensamos que quedaríamos
demorados. No pasó nada, el gendarme hizo Oídos sordos y se bajó molesto sin
decir más palabras.
La adrenalina de las situaciones problemáticas que
se generaban en los viajes, lo ponían eufórico. Una noche en Santa Rosa (La
Pampa) el dinero para pagar el show del “Langa” no aparecía y luego de muchos
cabildeos, hubo que desarmar los equipos y retirarnos sin tocar. El local
estaba colmado de gente y las consecuencias podrían ser tremendas para todos
nosotros porque los ánimos se caldearían en la provincia del caldén.
Los plomos
comenzaron a desarmar con el mayor disimulo posible los equipos y los iban
cargando en el micro. Para tapar el operativo “retiro”, dos músicos simularon
una discusión en un rincón alejado del escenario, la controversia inventada era
la siguiente: Beto sospechaba que Mario merodeaba por su casa para conquistar
el corazón de su hija adolescente y eso no se lo iba a permitir. Yo te conozco,
le decía Beto, vos sos un mujeriego y te quiero lejos de mi hija ¿me
entendiste? Pero yo estoy enamorado de tu hija Beto, ¿qué parte no
entendés? Y Yo te voy a cagar a
trompadas ¿Qué parte no entendes? No te quiero ver ni cerca de mi casa. Yo voy
a cambiar te lo prometo. Ni se te ocurra, yo te mato, acordate lo que te digo. El
tono de la discusión fue subiendo y estaban a punto de agarrarse a las piñas.
Las actuaciones fueron muy convincentes y atrapó la atención de gran parte de la
concurrencia. Cuando los plomos terminaron de cargar, les hicieron una seña con
el pulgar a los “actores” quienes se
fueron a los gritos hacia la salida.
Algunas personas se empezaron a avivar que el
“Langa” no cantaría y se generó un murmullo creciente. Nos subimos todos al
micro y Elbio se lanzó por las calles de la ciudad a toda velocidad.
Parecían Jack Nicholson y Will Sampson en “Atrapados
sin salida” que hijos de puta, gritaba Elbio mientras pasaba las bocacalles en
contramano y sin mirar.
Algunos autos nos siguieron para cagarnos a
trompadas pero la maestría del conductor hizo que llegáramos a la ruta
despistando a los perseguidores.
Otra noche de esta gira “Trágica y nebulosa” íbamos a tocar a Luján con el “Langa” y nos
enteramos de la triste noticia: Gilda se había accidentado cerca de Ceibas.
Escuchamos en la radio, que entre los fallecidos en el accidente, estaba
nuestro querido Elbio. Se produjo un silencio pesado, nos quedamos sin
palabras.
El micro en donde tantas veces viajamos, se
convirtió en el santuario que recuerda a Gilda. Quedó a la orilla de la ruta y
las noches de baile, se escucha la risa del Gordo Elbio.
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