Nunca pensé que a un escritor que admiro y me ayuda a pensar, lo conocería realizando un trámite doméstico y hasta podría decir tenso con una operaria de una conocida empresa naviera que une a las dos orillas del plata. La discusión, aparentemente, se generó por la ubicación que le había tocado en suerte al famoso escritor que por otra parte era el mismo sector que me habían asignado, luego del entredicho, se sentó con notable ofuscación a dos butacas de la mía.
Nos miramos de reojo con mi amigo Ricky que estaba sentado un poco más atrás y con la mirada nos dijimos ¿viste quien está? Me acerque al asiento de mi amigo y le pregunté ¿y si nos sacamos una foto? Entonces le conté lo que había presenciado anteriormente y sobre la conveniencia de esperar el momento oportuno para no molestarlo a lo cual Ricky accedió.
Debo confesar que no adhiero a la actividad que lleva el nombre de dos conspicuas caza autógrafos a saber: chola y Lula pero una foto con este señor vaya que estaría buena para mostrar a los amigos.
El viaje transcurrió normalmente y en un momento nuestro objetivo cholulo consiguió lo que estaba peticionando y se cambió de lugar, entonces decidimos esperar al descenso para encararlo y luego de decirle lo habitual en estos casos…que lo admiramos y si no se molesta quisiéramos sacarnos una foto con usted, por fin, conseguir nuestro propósito.
Una vez en Buenos Aires, lo vimos aguardando en la cinta el equipaje que había despachado, preparé la máquina y ensayé las palabras que usaría pero no tuvimos suerte, se nos fugó entre la marea ansiosa de valijas con una persona en su extremo.
Nos despedimos con Ricky y me quedé pensando que lo importante en definitiva es leerlo…pero, entre nosotros, como me gustaría tener una foto con Eduardo Galeano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario