domingo, 30 de abril de 2023

Huellas

 

HUELLAS

 

Esa mañana al abrir el ordenador; Mike Griffin pensó, que desde un tiempo a esta parte, estaba viviendo el final en la empresa. Los errores de percepción se pagan caros en el mundo financiero. Las últimas recomendaciones que había hecho a inversionistas en países extranjeros, resultaron un fracaso.

Se asomó a la ventana del piso 21 y contempló una  Nueva York nevada, recordó a su homónimo, siempre lo hacía: director de cine exitoso, ¿Quién pudiera? Se preguntó.

Como en una jugada intuitiva de ajedrez, decidió mover las piezas antes y solicitó una reunión con el gerente general. Durante muchos años, él había sido el niño mimado de los directivos, ya no era así, habían ingresado jóvenes más atrevidos, obedeciendo a la ley del desarrollo desigual y combinado; él se había vuelto conservador.

Ya sabía lo que le propondría su jefe, que se tome unas largas y merecidas vacaciones y que vuelva con la energía de siempre. Había ensayado las respuestas para tal proposición: diría que no, que esta vez dejaría todo, que tenía un capital suficiente como para estar un tiempo sin trabajar y que seguiría haciendo negocios en forma privada.

Algo se quebró, un crash que en este caso no fue económico sino anímico, aunque no se produjo de un día para otro, fue gradual.

El gerente lo recibió con cordialidad:

-       ¿Qué te trae por acá viejo lobo?

-       Lobo cansado dirás.

-       Bueno, vamos, siempre en este negocio hay momentos así

-       ¿te acordás lo que me dijiste cuando entré? Que para triunfar en las finanzas tenía que estar dispuesto a morderle los testículos al toro que está ahí afuera.

-       Sí, claro, es algo que digo hace treinta años y no encontré una frase mejor

-       Bueno, ya no podría hacerle ni cosquillas al toro

-       Epa, no es para tanto, vos lo que necesitas son unas buenas….

-       No, ja ja, sabía que dirías eso, no quiero vacaciones, esta vez me voy en serio.

-       ¿Cómo que te vas?

-       Sí, hace un tiempo que lo vengo pensando, esta actividad ya no me produce el cosquilleo de la adrenalina que me producía y vos tenés unos tiburones jóvenes que están en estado, ya no soy imprescindible si es que alguna vez lo fui.

-       Pero ¿Qué vas a hacer ahora? Yo no te creo que vas a dejar de hacer negocios

-       No, seguiré en forma personal, a otra escala. Tengo ahorros que me permiten estar un tiempo sin trabajar.

-       Bueno, vaya que mañanita. Te juro que me sorprendiste

-       No te olvides que soy un ajedrecista aceptable

-       Ya lo creo, después del crack del 29 esto es lo más terrible que nos pasó – bromeó el jefe

-       Bueno, no exageres.

-       Veo que es una decisión firme y no queda más que respetarla. Los temas formales tratalos con Debby pero nosotros nos debemos una cena en el restaurant italiano adónde vamos cuando cerramos un negocio

-       Sí, claro hombre, vamos a seguir en contacto, hasta se me ocurre que vamos a ser más amigos sin la presión cotidiana.

-       Eso espero. Debo confesar que no fue tanta la sorpresa, te veía apagado desde hace un tiempo.

-       Son ciclos que se cumplen.

-       Así es. Pero debo reconocerte que vos dejaste huellas en esta empresa.

-       Gracias Jefe.

 

Se dieron un sentido abrazo. Mike recogió sus cosas personales en un bolso de mano, se despidió del personal y bajó. Caminó por Wall Street sin rumbo aparente, había cumplido los cincuenta años recientemente y quería recuperar algunas cosas que dejó por la vorágine del mundo de los negocios financieros. Dobló en la calle 4 y se topó con una tienda de instrumentos musicales, se detuvo a mirar, le llamó la atención la simetría de los elementos exhibidos: dos mandolinas ligeramente inclinadas y en el medio un saxo brillante y opaco a la vez. Se retiró hacia el cordón de la acera y puso sus manos simulando un cuadro; se asemejaba a una obra de Vasarely.

Decidió entrar en el negocio.

-       Buen día ¿Qué precio tiene el saxo?

-       Bueno, ese instrumento es algo especial ¿Usted sabe a quién pertenecíó?

-       No tengo idea

-       A Wayne Shorter

-       No lo conozco

-       Fue uno de los grandes saxofonistas de jazz contemporáneo

-       No lo sabía, soy más del rock

-       Su hija nos lo confió cuando falleció su padre hace muy poco. Nos pidió que lo vendiéramos teniendo en cuenta el valor afectivo y yo agrego histórico.

-       Entiendo  ¿Usted cree que a mi edad puedo aprender a tocar?

-       Claro, Usted es joven, además, como decía mi padre: Nunca es tarde para cumplir un deseo.

-       Deme un tiempo para pensar y le contesto. ¿Cómo me dijo que se llamaba el músico?

-       Wayne Shorter.

 

Mike salió del local para pensar mejor, consultó en su celular para corroborar lo que le dijo el empleado. Vislumbró un primer negocio en su nueva etapa como independiente, si el instrumento perteneció a una celebridad del jazz, conforme pasara el tiempo; se incrementaría su valor.

Sin dudarlo, ingresó nuevamente al local y buscó a quien lo había atendido. Preguntó el valor y el empleado agarró un papel como para atemperar la cifra y le dibujó el precio. Perfecto, lo voy a llevar. Mike sabía que en los negocios hay un segundo crítico que es cuando se decide concretamente una operación, pasado ese instante, la misma se puede malograr.

Subió a la oficina privada que se encontraba en otro nivel para concretar la transferencia bancaria y hacerse del instrumento. Cuando bajó, el empleado había retirado el saxo de la vidriera y lo colocó en un estuche rígido.

-       Le voy a aconsejar que compre una caña nueva

-       ¿Qué es una caña?

-       En el saxo el sonido se produce por la vibración de una lámina finita de caña. Además, es muy personal el uso de la misma, como si fuera un cepillo de dientes

-       Claro, entiendo. Agréguela a la compra y las pago en efectivo.

Cuando el empleado volvía con la caña, se dirigió nuevamente al cliente con una notable emoción.

-       Y le tengo que pedir un último favor y esto lo hago en forma personal

-       Sí, dígame

-       Haga honor a semejante instrumento, estudie, estudie. No le pido que sea un Shorter pero inténtelo y si por esas cosas tiene que venderlo busque a alguien que tenga en cuenta esto que le digo.

-       Lo prometo.

 

Mike salió del local con el instrumento, ahora sus pasos eran rítmicos y dejaban huellas en la nieve, una súbita ansiedad se apoderó de él, quería llegar a su departamento que no estaba lejos de allí. Tenía una mezcla de sensaciones, había abierto una ventana desconocida. El tema del negocio se relativizó y se impuso paulatinamente la idea de un legado emotivo difícil de sostener, pero a su vez, esto le imprimía un desafío que no estaba regido por la obtención de dinero, esto era otra cosa, era algo nuevo.

Cuándo llegó a su casa, apoyó el estuche rectangular arriba de la mesa de diario y se hizo un café, en pocas horas había renunciado a un trabajo que lo tuvo ocupado los últimos veinte años de su vida y había comprado un instrumento musical con la idea de hacer un negocio pero las palabras del vendedor le generaron un compromiso extraño. ¿Y si aprendía a tocar el saxo? ¿Por qué no?

Encendió la computadora y se dispuso a mirar sendos tutoriales para aprender a armar el instrumento: la ubicación correcta de la caña en la boquilla para permitir que vibre, la abrazadera que contiene a la boquilla y la caña, la postura corporal, la adaptación de la correa que sostiene al saxo para que resulte cómodo su ejecución, etc.

Se miró al espejo, le reconfortó la imagen que le devolvía el reflejo narcisista: parecía un músico.

Luego, miró otros videos en los cuales abordaban la producción del sonido concretamente. Hizo un primer intento fallido; ningún sonido se produjo, sólo un aire que parecía un ventarrón desbocado. Luego otro intento y otro más hasta que en uno de los intentos creyó escuchar su propio sonido, bajó el volumen del video e intentó nuevamente repitiendo la fórmula exitosa; produjo un sonido torpe pero sonido al fin seguido de una extraña vibración, sus dedos distribuidos en las diversas llaves temblaron como si una fuerza llegara desde el centro de la tierra, sus latidos se aceleraron. El legado comenzó intensamente pensó.

Dejó el instrumento en el estuche y se preparó otro café. Mientras lo tomaba, pensó en el impulso que lo llevó a meterse en esta nueva empresa que a poco de comenzar, lo tenía atrapado como una novela policial. La intuición la había usado en no pocas situaciones en el mundo de los negocios, pero se reconocía un hombre pragmático poco afecto al pensamiento mágico, pero algo desconocido pasó con el primer sonido que logró.

La mañana siguiente, la primera en mucho tiempo sin la estridencia del despertador, se levantó a la misma hora de siempre por la inercia.  Preparó el desayuno, contempló el color del instrumento: dorado devenido opaco por el paso del tiempo.

Le vinieron en oleadas de recuerdos el sonido del exótico saxofonista del sombrero negro que había escuchado con Catherine en un club de jazz de la calle siete. El sonido era ronco y visceral. Repentinamente le molestó la nostalgia de una relación que se malogró.

Tomó el saxo y sopló con una fuerza renovada, el vapor de aire salió por la campana del instrumento y se alegró de producir un sonido sin más, luego; la vibración que había experimentado el día anterior y lo que siguió, fue una melodía que venía desde el cuerpo metálico como en  sotto voce, acercó el saxo al oído y efectivamente, era una melodía desconocida por él. Se asustó y lo dejó en el estuche, luego  lo desarmó y fue a la casa de música a preguntar.

Llegó y buscó al empleado que se lo había vendido, esperó a que se desocupara. El empleado lo reconoció y le hizo el gesto de que lo esperara un minuto.

-       Hola amigo ¿Qué lo trae por aquí?

-       Me pasó algo raro tocando el saxo

-       ¿algo raro?

-       Sí, primero sentí una vibración, eso fue ayer cuando le saqué los primeros sonidos y hoy, se produjo la vibración y luego escuché una melodía que, por supuesto, no toqué yo.

-       ¿Usted dice que el instrumento tocó sólo?

-       Se lo juro, ¿viene con un demo instructivo?

-       ¿Un demo? Jajá que ocurrencia

-       ¿Se lo puedo demostrar?

-       Si claro, pero mejor vamos al depósito.

Se dirigieron al depósito. Mike armó el saxo y sopló. En el primer intento no se produjo ninguna vibración. Intentó nuevamente y esta vez; apareció la melodía, primero tímidamente pero luego fue más fuerte. El empleado se llevó el instrumento al oído.

-       Pero esto es increíble

-       ¿lo escucha?

-       Sí, es el sólo de Footprins que tocó Wayne en el festival de Montreaux en 1991

-       Pero ¿Cómo sabe eso?

-       Soy un fanático de él, tengo toda su discografía pero, esto no lo puedo creer, no lo puedo creer.

-       Pero ¿qué está pasando?

-       No lo sé, pero tengo que pedirle que lo que fuera que esté pasando, tenemos que guardar el secreto entre nosotros dos  ¿me lo promete?

-       Sí, claro

-       Por alguna razón que desconozco, el instrumento replica los sonidos que tocó alguna vez, sople otra vez por favor.

Mike obedeció, primero fue la vibración y luego la melodía como las otras veces:

-       Este es un solo de Footprins con el quinteto de Miles Davis en 1967 en Suecia.

-       Pero no puede ser, esto es increíble

-       No lo puedo creer. Nunca me pasó algo así lo juro. Hagamos una cosa, espéreme en el café de la esquina, pido permiso y nos encontramos ahí.

-       Perfecto.

 

Mike llegó al lugar y pidió un café doble, afuera, la calle seguía su ritmo, las personas con cara de abstracción emanaban vapor por sus bocas debido a la baja temperatura, hasta hace cuarenta y ocho horas, el formaba parte de esa marea que se levanta todos los días para generar los recursos para vivir, ahora, estaba retirado y portaba un secreto compartido con un empleado de una casa de música propietario de un instrumento que perteneció a un notable músico y que suena con solo soplar por su boquilla. Es una película pensó,  un legado místico que por un motivo azaroso le había tocado a él. Ya no tuvo miedo, solo curiosidad de saber porque se puede producir un fenómeno así. Llegó el compañero de secreto refregándose las manos y con un entusiasmo de principiante.

-       Hola, no sé aún tu nombre

-       Hola, es verdad, me llamo John

-       Ok, yo soy Mike

-       Te voy a contar algo, cuando Wayne venía a Nueva York, pasaba por el negocio, siempre compraba sus cañas favoritas y preguntaba por algún instrumento, ya sea tenor o soprano que estuvieran para la venta. Él era muy espiritual y practicaba el budismo, siempre me decía que lo practique, hasta alguna vez, dijimos el nam myoho renge kyo juntos que es como un mantra en busca de la iluminación personal.  Nunca me sumé formalmente. Lo admiro mucho y hablo en presente porque creo que está ahora aquí.

-       Por lo que decís, esto tiene que ver con este fenómeno del saxo.

-       Bueno hombre, creo que sí pero lo que te quiero proponer es que cuando podamos, vayamos a la Soka Gakkai en Santa Mónica que era donde iba él. Allí podríamos hablar con un sacerdote, él nos puede dar una explicación a todo esto. Yo no tengo esa respuesta, pero creo que puede venir por ahí.

-       Sí, estoy dispuesto a ir con vos, estoy libre porque me retiré y tengo tiempo.

-       Bien, pero vamos a tener que compartir el secreto con alguien más

-       Sí, pero creo que vale la pena si es que llegamos a entender esto que pasa ¿o estaremos locos?

-       No, no lo creo, escuchamos juntos lo que escuchamos, acá hay algo que por ahora no podemos explicar.

-       A esta altura tengo que confesarte que al principio pensé comprar el instrumento para hacer un negocio, el primero en forma independiente.

-       No te hagas problema, eso no es cuestionable. Por eso te hablé de esa manera cuando lo compraste y te pido disculpas por el atrevimiento.

-       No, no hay problema, mi vida cambió a partir de ese día, desde entonces, veo videos de él, estoy obsesionado.

-       A mí me pasó cuando empecé a escucharlo, se me ocurre algo mejor, hay un centro cultural de la SGI acá en Nueva York, ahí nos pueden orientar.

-       Me parece perfecto.

-       ¿Vos a que te dedicás? Perdón por la pregunta

-       No hay problema, hasta hace unos días, era un agente financiero, trabajaba para una firma muy importante pero me retiré

-       ¿En serio?

-       Sí, y ahora estoy retirado, tratando de ser músico y haciéndome preguntas acerca de cómo un saxo puede sonar sólo

-       Ja Ja ¿Qué loca que es la vida no?

-       Ya lo creo ¿Y vos?

-       Yo soy un músico frustrado, me convertí en un melómano, igual no me quejo, en el negocio conocí a grandes músicos como por ejemplo a Wayne.

-       Te entiendo.

-       Yo podía hacer ganar muchos millones en una sola operación, la utilidad no era sólo para mí, tenía un porcentaje. Tampoco me quejo.

-       Eras el famoso lobo de Wall Street

-       Algo así pero sin la elegancia de Leonardo Di Caprio.

-       No creas, vos también tenés tu elegancia.

-       Gracias.

 

 

Casa de la cultura. Soka de Nueva York

 

La casa de la cultura de la Soka de New York está ubicada en la calle 15. Es un edificio sobrio de estilo neo románico. Hasta allí llegaron John y Mike para tratar de develar el misterio del saxofón que suena con solo estimularlo. ¿Se trata de un  dilema físico o metafísico? ¿Se trata acaso de un desarrollo de la espiritualidad llevada hasta el paroxismo?

Habían concertado una cita con uno de los sabios de la Soka. Mientras esperaban, observaron los grandes ventanales que dan hacia la avenida. En uno de las paredes interiores de la sala adonde aguardaban, se encontraba una gigantografía del presidente Daisaku Ikeda junto a un lema que reza: “Nada se pierde, todo se transforma”. Eso lo decía Wayne le comentó John a Mike. Ahora entiendo le respondió Mike como para dar una respuesta tranquilizadora del fenómeno que los ocupaba.

Señores, los acompaño a la sala en la cual los espera el señor Takawaka – irrumpió suavemente la voz de la mujer. Se desplazaron por pasillos sobrios hasta llegar a una puerta doble de tono pastel. Ingresaron, el señor Takawaka los esperaba detrás de su escritorio, juntó sus manos y se inclinó levemente hacia delante en señal de bienvenida, John y Mike hicieron lo propio.

-       Caballeros tomen asiento por favor – dijo con tono cordial el señor Takawaka. Tal cual me adelantaron en la conversación telefónica, se trata de un fenómeno raro por lo pronto.

-       Efectivamente señor, nos tomamos el atrevimiento de recurrir a Ustedes por cuanto el señor Wayne Shorter pertenecía a vuestra comunidad, si no me equivoco, a la soka de Santa Mónica – dijo John

-       Claro, él era y sigue siendo un exponente cultural universal. Un ser de luz que buscó en el budismo la forma de llegar a la plenitud

-       Le comento; el señor Mike – señaló el estuche - compró el instrumento que perteneció a Wayne y comenzó a tomar clases de saxofón y se encontró con la sorpresa de que soplando a través de su boquilla, comienza a sonar solo.

-       ¿Cómo es eso posible? – el señor Takawaka cambió el semblante de su cara.

-       No lo sabemos, por eso estamos aquí para tratar de encontrar una respuesta – dijo Mike.

-       ¿Y ustedes podrían hacer una demostración del fenómeno?

-       Claro.

-       Un momento. ¿Tendrían inconveniente si lo grabamos?

-       Ningún inconveniente. Lo único que pedimos es mantener, por ahora, el secreto de esto a la menor cantidad de personas posible.

-       Claro, entiendo.

 

El señor Takawaka llamó por un teléfono interno al departamento de video de la Soka. Al cabo de pocos minutos, dos personas ingresaron en la sala con el equipo suficiente como para hacer una grabación de video.

Mike armó el saxofón y puso mucho celo en colocar  la caña correctamente, estaba nervioso pero expectante por encontrar una explicación razonable. Cuando las personas encargadas de filmar estuvieron listas, Mike comenzó a soplar, al principio, no se escuchó nada, pero en cuanto la vibración apareció,  acercó la campana del instrumento a la cámara.

Nadie habló mientras duró la filmación.

-       Esto es increíble – dijo Takawaka

-       Eso que se escuchó es la melodía de Footprins, un tema emblemático de Wayne, lo curioso es que se presenta en distintas versiones a través del tiempo – aportó John.

-       No salgo de mi asombro. Todos escuchamos los mismo ¿verdad?

-       – respondieron Mike y John.

-       ¿Cómo dijo que se llama el tema?

-       Footprins – contestó John

-       Claro, son huellas que el hermano nos dejó como legado, el título del tema nos está diciendo todo, no hace falta más interpretación.

-       No entiendo – dijo John.

-       Les explico – dijo el señor Takawaka – en nuestra práctica y en la búsqueda de la iluminación y la armonía con el ambiente que nos rodea, hay una disciplina que se denomina Esho funi que promueve la indivisibilidad del ser con el medio ambiente, llegar a ser uno mismo con la naturaleza y las circunstancias que en ella se produzcan.  Empíricamente, nunca llegamos a un desarrollo tal como el que presenciamos recién. Les agradezco profundamente el aporte y el hecho que hayan acudido a nuestra sede. El departamento de fenomenología de la Soka va a estudiar en profundidad el caso y estaremos en contacto por supuesto y le comunicaremos oportunamente, los avances en la investigación que llevaremos adelante – el señor Takawaka se puso de pie y juntó sus manos poniendo fin a la reunión.

 

John y Mike salieron a la calle helada, y fueron a tomar un café para procesar lo que habían escuchado por parte del señor Takawaka, tenían una explicación autorizada del fenómeno pero a su vez, sintieron que estaban lejos de poder entender en forma cabal el hecho que los había unido en una amistad que prometía ser duradera.

La música los había reunido por el azar. Un señor músico había producido ese azar. Como los inquietos cuchillos de Juan Almada y Juan Almanza, el saxo que perteneció a Wayne Shorter; dejó huellas en la funcionalidad mecánica del metal y porta un mensaje que pretende ser un puente hacia el final de los tiempos

jueves, 16 de marzo de 2023

El Pleito

 

El Pleito

 

En los años noventa la televisión argentina, adoptando un formato importado, instaló en su grilla al mediodía un programa que era una corte de pseudo justicia. Un tribunal formado por un prestigioso abogado de doble apellido que hacía las veces de juez con la ayuda de asistentes, no había fiscal ni abogados defensores.  Llevaban adelante juicios que tenían sobre el final del programa, una resolución que no siempre dejaba conforme a todos.

El nombre del programa era en latín como para darle seriedad y una impronta atemporal. Había una tribuna constituida por ciudadanos.

Los conflictos tenían que ser domésticos que posibilitaran una rápida resolución.

A dicho programa fueron dos músicos con un pleito a resolver: la acusación de cometer plagio por parte de uno de ellos.

El juez golpeó con firmeza el martillo de madera sobre una base cuadrada que se encontraba en el escritorio y dió por comenzado el juicio.

El secretario leyó el conflicto en cuestión: Tal es el protocolo del programa, se preservaran los nombres reales y se llevará el proceso con seudónimos que los propios interesados eligieron. El acusador, de ahora en más: “El alemán” acusa al señor identificado como el “Gordo” Molly de plagiarle una rutina de trabajo en perjuicio del demandante por restarle trabajo. Hasta aquí el enunciado del problema señor juez.

-       Gracias señor secretario. Señor demandante, explicite en forma sucinta y según sus palabras, el pleito por el cual demanda al demandado – dijo el juez

-       Gracias señor juez, el problema es que este sujeto -. Señalando al gordo- me afanó una rutina que yo inventé

-       ¿Qué vos inventaste? Si el carnaval carioca es más viejo que Matusalen que decís – dijo Molly alterado.

-       Sí pero yo le di una forma particular, un orden por el cual lo hace muy especial y toda la gente sale a bailar de inmediato.

-       ¿Vos lo patentaste acaso? ¿dónde están los papeles?

-       Que te importa a vos los papeles gordo mercenario.

-       Momento – interrumpió el juez- en esta corte no se van a permitir epítetos agraviantes ni descalificaciones personales, si insisten, doy por cerrado el caso ¿Entendieron?

-       Si señor juez –contestaron ambos.

-       Bien, continuamos – dijo el juez - ¿Cómo podría demostrar que lo que usted inventó es algo especial por lo cual no debería replicarse sin su permiso?

-       Yo soy el inventor del cotillón que acompaña al carnaval carioca, pitos, matracas y antifaz. Antes, nadie lo había usado. Por otra parte; la sucesión de los temas la estudie haciendo una amalgama entre las armonías de las diversas melodías para que los bailarines no paren de bailar y no se produzca ningún bache, esto es muy requerido para las bodas antes de la mesa dulce. La gente enloquece.

-       Cualquiera, eso no lo inventaste vos, señor juez, no se deje engañar por esta persona.

-       Señor Molly Usted no me diga lo que tengo que hacer, estoy acá para impartir justicia y no me dejo llevar por comentarios de los involucrados. Que no se repita por favor.

-       Perdón señor juez.

-       Señor alemán, parecería a prima facie que el carnaval carioca y las prácticas que deriven de dichos vocablos, son  de dominio público. Le pongo un ejemplo: El Carnaval de Venecia es un giro que nos remite a la ciudad de Venecia pero ese giro es de uso público y no puede ser plausible de litigio al usar dicho giro idiomático ¿me entiende?

Nadie en su sano juicio podría reclamar para sí  el uso exclusivo del término carnaval ni tampoco carioca que refiere a un gentilicio determinado.

-       Sí pero carnaval carioca juntos constituyen un combo, es una forma de trabajo que se vende como tal y la versión que yo hago de esa rutina es única, no es igual si se hace de otra manera ¿me entiende señor juez?

-       Sí, ese punto se lo tomo. Es un giro idiomático que representa un bien que puede ser comerciable, pero eso sólo no alcanza para determinar que es de su autoría al menos que Usted presente el registro en la propiedad intelectual con los detalles que le dan un cariz especial y no tengo porque dudar de tal especie pero en tal caso, necesito más precisiones al respecto. Le pongo un ejemplo más práctico y es lo que pasa con los medicamentos; se basan en una droga determinada pero cada laboratorio le pone un nombre de fantasía, en ese caso, se me ocurre ahora El Chofitol es un preparado en base a alcachofa o alcaucil, cada laboratorio que fabrica con esa base de hierbas naturales  le asigna un nombre de fantasía distinto. Le aconsejo que registre su rutina y le ponga por decir: “El carioca alemán”.

-       Ya lo dijo el tordo vos no inventaste nada – acotó Molly con una sonrisa triunfadora.

-       Vos sabés que me robaste no te hagas el otario – dijo El alemán

-       ¿Cómo te dicen José Carioca?

-       ¿Encima de ladrón  te querés hacer el gracioso?

-       Claro, ahora te hacés el legal pero ¿te olvidaste cuando te presté plata?

-       Callate gordo que a vos para sacarte plata hay que operarte.

-       ¿Pero Ustedes se conocen? Preguntó el juez

-       Sí, este salame estaba muerto de hambre y lo traje a laburar  conmigo y ahí es que me robó la forma de trabajar y ahora no facturamos ninguno de los dos.

-       El sol sale para todos y vos no inventaste nada gil.

-       Ya vas a venir con el matungo cansado gordo chanta. Señor juez, le dejé a la producción los videos donde se ve que lo que hace él es un choreo.

-       Está bien, pero no tenemos forma de cotejar con su propia rutina y no llegaríamos a determinar el objeto de su acusación.

-       ¿Encima de que me acusás sin razón me filmaste? ¿sos de la KGB ahora?

-       Está bien. Damos por finalizado el debate – dijo el juez con cara de ofuscación.

 

El locutor se dirigió a los presentes con tono ceremonioso: Ahora vamos a una tanda comercial y luego el juez Luis Rodriguez Prado leerá la sentencia correspondiente al caso en cuestión.

Cuando regresaron de la tanda el juez leyó la sentencia:

“Este tribunal constituido está formado para hacer justicia en casos domésticos que no impliquen delitos graves. En ningún caso los dictámenes que se determinen en este estrado  tienen valor judicial de aplicación  concreta. Es el espíritu de esta producción televisiva el hacer docencia para permitir a ciudadanos comunes dirimir sus conflictos en forma no violenta. Dicho esto; el tribunal determina:

1)    Por falta de mérito, por no presentarse las pruebas contundentes por parte del acusador, se determina que no hay delito de plagio comprobable.

2)    Se absuelve al acusado por los motivos expresados en el punto 1.

3)    Se cierra el caso. Archívese para determinar la jurisprudencia correspondiente.

 

Cuando el programa terminó; se fueron los dos, demandante y demandado por la calle Lima con destino a Constitución.

 

.         - Che, estuvimos bien ¿Qué te pareció? – dijo el alemán a Molly

-       Sí, creo que fue creíble, además, nos dieron sándwich de miga, nos pagaron y morfamos con aire acondicionado ¿Qué más se puede pedir?

-       Y además ¿Qué otro laburo podemos pegar a esta hora?

-       Ninguno

-       Tenemos que dejar pasar unos meses y volvemos con otro quilombo.

-       Sí, olvídate, pero tenemos que ser cuidadosos porque se van a avivar

-       Che – dijo Molly - ¿Es verdad que tengo fama de tacaño?

-       Dejate de joder gordo, lo dije para darle pimienta.

-       Ah que hijo de puta.


martes, 31 de enero de 2023

 

Doctor Zhivago.

 

Una tarde, como en el prólogo de un aguacero, unas gotas de memoria fueron cayendo desde algún lugar. Primero fueron cuatro; llegaron mientras estaba pensando una estrategia cotidiana de supervivencia, irrumpieron sin más entre los pensamientos formales. Esas cuatro notas eran el motivo, la célula de una melodía, la pregunta que requiere una respuesta, el antecedente que necesita el consecuente tal lo aprendí en la clase de morfología musical.

Pude analizar los intervalos; se trataba de una tercera menor ascendente, la sensible tonal y su tónica.

Luego, cuando la lluvia melódica se estableció módica y permanente: bajaron más y más gotas musicales; la respuesta a la pregunta del motivo de la parte A, la parte B y el resto.

Ya tenía casi todo el tema presente y tuve el impulso de volver a escucharlo. Ahora, le quedaba a la memoria la tarea más difícil: ¿Cuál es esa melodía? ¿Desde cuándo me acompaña? ¿Dónde puedo escucharla nuevamente?

En los años sesentas mis padres habían tomado la concesión de la cantina del club del pueblo, adonde me llevaban junto con mis hermanos mientras ellos trabajaban.

Casi todas las noches, los días de semana,  me sentaba en las butacas del salón y dormía las películas que se exhibían. Se trataba de estrenos que ya habían pasado por las grandes ciudades. La programación duraba todo el mes con la misma película. Los sábados eran dedicados al baile y los domingos; al matinée bailable.

En una de aquellas películas que me invitaban a dormir;  durante tres horas y veinte minutos, el doctor Zhivago  perdió a su madre, se recibió de médico. Atravesó la primera guerra mundial, la revolución bolchevique y la guerra civil mientras mantenía no sin culpa una relación paralela.

En los primeros minutos de la película, cuando el niño se queda sólo y se va a vivir con sus tíos, entraba en el primer sueño profundo, con la tranquilidad de que faltaba mucho tiempo para mi orfandad. Luego, conmovido por la música, me despertaba por momentos y veía la estepa rusa nevada y un trineo que con mucho esfuerzo avanzaba por el territorio conducido por  un señor de bigotes. Con esas condiciones climáticas severas, me dormía nuevamente celebrando el contraste de temperatura  entre la pantalla y mi butaca.

Cuando volvíamos a casa luego de la función, me entregaba al segundo sueño  y la música me acompañaba para imaginar un mundo bucólico. La estepa nevada de los conflictos y los desencuentros amorosos quedaba lejos

Por entonces no estaba en condiciones de comprender la trama pero la música se alojaba en mi cabeza infantil sin ningún condicionante. Durante un mes esa melodía se guardó noche tras noche para ser redescubierta algún día.

Muchos años después supe que esa melodía era: “Tema de Lara” del compositor Maurice Jarré, motivo principal de la película Doctor Zhivago.

Se esperan para esta tarde chaparrones aislados de memoria, truenos de notas musicales y posible caída de recuerdos melódicos de épocas pretéritas, sueños cristalizados en el hemisferio emocional de un niño que guardó húmedas melodías para los tiempos de sequía.