sábado, 10 de julio de 2021

Sugestión a la carta

 

Sugestión a la carta.

 

Cuando trabajábamos con él, sabíamos que algunas cosas pasarían. A mi compañero Gigio: le gustaban mucho las situaciones bizarras o  aquellas que se salían de lo común y mientras hacía vibrar la caña de su saxo tenor; relojeaba posibles hallazgos en ese sentido.

Estábamos haciendo la Temporada de verano en Mar del Plata con la orquesta “Los Ángeles”, se sumaba para completar el elenco el animador que llevaba el hilo conductor del espectáculo.

Él, se llama Oscar Di Tullio,  quien tuvo su cinco minutos de popularidad cuando condujo por la televisión un programa de juegos: “El casino del 9”.  

Con esta formación, tocábamos en “Ferimar” que era un gran galpón en la zona del puerto con puestos de venta de ropa y misceláneas, patio de comida y un show pensado para después de la playa. Los fines de semana, tocábamos a la noche en un restaurante céntrico.

La cena show en el restaurant se dividía en dos partes, una entrada de música instrumental mientras la gente comía, con un repertorio amigable con la digestión, tranquilo y sin sobresaltos. En la segunda parte, hacía su aparición Oscar: vestido de elegante frac negro, camisa blanca y moño al tono. Los zapatos acharolados de un brillo impecable. La muletilla para empezar su faena era la siguiente: Como suena la orquesta Los Ángeles fuerte el aplauso señoras y señores - Se producía el primer aplauso de la noche. El último tema instrumental de la segunda parte era De Buen Humor  (In The Mood) entonces el animador redoblaba la apuesta interpelando a los presentes: ¡!!No tiene nada que envidiarle a la orquesta de Glenn Miller señores!!!.- Y el aplauso se renovaba con más fuerza. Luego venía una parte de música cantada para bailar y más tarde, cuando la playa había sido conquistada y el músculo y los reflejos estaban aletargados por efecto del alcohol; el animador hacía su propio show.

Voy a relatar aquí lo que pasó un día, de esos en que se reiteraba el formato que tenía éxito, o eso al menos era lo que creíamos.

Preguntó en primer lugar si había matrimonios que cumplían años de casados, siempre había algún aniversario, una mujer levantó la mano, el marido miró a su compañera y se mostró sorprendido. Los hizo pasar para homenajearlos. Todo lo hacía con una aparente solemnidad y ubicando bien los tonos de su alocución:

-         Hermosa pareja que hoy cumple años de casados ¿Cuántos años de casados cumplen mi amor? – le decía a la mujer

-         Cuarenta

-         ¿Cuarenta años? Esto merece un gran aplauso. El público esperaba la evaluación del conductor sobre los momentos en que debería aplaudir y obedecía.

-         Y voy a ser curioso: ¿Qué te regalo el caballero?

-         Una cadenita

-         ¿Cuarenta años y te regaló una cadenita? Y seguro que es enchapada. Miraba buscando la complicidad de la gente y se produjeron las primeras risas. El hombre se rio también.

-         Pero que miserable, con todo respeto lo digo eh- Miró al “caballero” para tantear si podía seguir en esa línea.

-         ¿Cómo es su nombre caballero?

-         Ricardo

-         Ricardo, muy bien: ¿a qué se dedica Ricardo? Antes de que el hombre, a esta altura “la víctima”, pudiera responder, el alejó el micrófono y dijo lo que supuestamente le había respondido el entrevistado.

-         Traficante muy bien. El público soltaba una carcajada con ganas.

 Está bien, cada uno hace lo que puede para ganarse la vida- remató como para suavizar. La víctima movió su dedo índice de un lado hacia otro para negar lo que dijo el animador.

Entonces, esa situación le daba pie para contar un chiste:

-         Resulta que me encontré el otro día con un compañero de la escuela, le dije ¿Cómo andas Alfredito tanto tiempo? Acá andamos, ¿A qué te dedicas? Trafico órganos humanos. Me contestó mi amigo. Tú no tienes  corazón, le dije. Ahora no tengo, pero recibo uno la semana que viene. Este chiste no era de resultado unánime, algunos ponían cara de repugnancia.

-         Volvemos a la pareja que estamos homenajeando. ¿Cómo se comporta el caballero?

-         Bien,

-         ¿La trata bien? ¿Le trae regalos?

-         Sí, regalos…

-         Cada cuarenta años, ya veo. Bueno, no pierda la esperanza, cuando cumplan ochenta años de casados le va a traer una cadenita de oro.

Cuando percibía que el “homenajeado” podía resistir un poco más, lanzaba su misil más agresivo:

-         Le hago una pregunta caballero: ¿Usted anda bien de la próstata?

-         Sí, ¿porque me lo dice?

-         No, porque lo observé que se levantó y fue muchas veces al baño.

En ese momento, el público estallaba en una carcajada homérica y nuestro “Don Francisco” sabía que había llegado al límite de lo posible y ponía su cara más seria y a continuación, peroraba con un monólogo tan kitsch como efectivo:

-         Esto que hago es una apelación al humor y a reírnos de nosotros mismos, espero que el caballero no se haya enojado. Lo miraba de reojo para corroborar  su estado y esquivar una potencial piña. Porque como dice mi amigo Jorge Corona; mala palabra es hambre, violencia, destrucción, no lo que hacemos los humoristas y conductores para pasar un momento agradable.

La gente lo interrumpió con un aplauso, ahora sí unánime y algunos gritos de ¡!!Bravo!!! Oscar se dio vuelta y miró a la orquesta como diciendo, zafé una vez más.

-         Invito a este hermoso matrimonio a sentarse con un fuerte aplauso y ahora hablando en serio,gracias por su sentido del humor caballero. Le daba la mano al señor y un beso a la señora.

Nos miramos con Gigio y sin decir palabra, pensamos que Oscar era un maestro de la psicología de la calle, aunque, coincidíamos en que el límite del buen gusto, lo había traspasado ampliamente.

Por esos años, había llegado a la argentina el ilusionista David Copperfield y revolucionó el concepto de show de magia que se conocía hasta entonces, había incorporado la levitación y otros efectos especiales. Oscar no dejó pasar ese dato e incorporó su propio show de ilusionismo, lo hacía al final de la noche. Se vistió con una capa negra y larga y se pintó los ojos. Para ese momento, nos encomendó que tocáramos sonidos incidentales que generaran misterio, yo puse la sordina a la trompeta y dibujé sonidos arriba de acordes con tensión “a lo Wagner” que producía la base de la orquesta.

Salía al escenario y la gente aplaudía con cierto nervio, no sabía si tomarlo en serio o no. Miraba con cara de pocos amigos y fijaba la vista en alguna persona que él consideraba vulnerable.

-         Señoras y señores, en esta parte del show, les pido la mayor concentración porque me demanda mucha energía y desgaste físico. Ustedes saben que se está presentando con mucho éxito en el país el ilusionista David Copperfield, bueno, les cuento que tuve la suerte de verlo en su hotel de Buenos Aires y me pasó algunos trucos para que incorpore en mi performance. A raíz de esto, y con la profesionalidad que me caracteriza, fui a tomar clases de levitación, llegué al lugar que indicaba el aviso y pregunté por el profesor: “Ahora baja” me respondió el secretario. Ahora llega el momento de mayor concentración. Pare la orquesta. Voy a invitar a alguna persona que quiera comprobar mi poder de hipnosis que me legó mi amigo Copperfield. Ustedes saben que no le cede a cualquier persona su secreto. En primer lugar: ¿Hay alguna persona impresionable en la sala? Si es así, le pido que en esta momento, salga a fumar o al baño. Bien, ahora: ¿Quién quiere pasar al escenario? Les recuerdo que esta prueba está muy probada y que nadie va a salir afectado, está chequeada por la sociedad argentina de cardiología. ¿Nadie se anima?

Al cabo de algunos segundos tensos, alguien se paró tímidamente de su silla y Oscar pidió un aplauso fuerte para la señora, por lo general, eran mujeres quienes se animaban a someterse a esta prueba. Entonces la mujer avanzó hacia el centro del escenario. Para darle más dramatismo al cuadro, le preguntó:

-         ¿Usted está segura de lo que va a hacer?

-         Sí - La mujer se rio nerviosa.

-         Bueno, le pido que a partir de este momento me mire fijo a los ojos, nada le va a pasar, confíe en mí,  deje los pensamientos para otro momento, sólo míreme fijo. Ahora sí le voy a pedir a la orquesta que me acompañe con algunos sonidos que nos lleven a un clima propicio. ¿Está lista? Bien, la voy a envolver con mi capa, usted no se asuste. A la cuenta de cuatro, usted se va a dormir.

La cubrió con su brazo derecho de manera que quedara semi oculta para él público. La capa cubrió el cuerpo de la mujer, sólo se veía la cabeza  como en un retablo de títeres. Le susurró cosas al oído buscando complicidad para llevar adelante el cuadro.

 

-         Bien, ahora sí. Silencio por favor. A la cuenta regresiva de cuatro, Usted se va a dormir. Cuatro, tres, dos, uno…

 

La mujer comenzó a aflojar suavemente la tensión muscular y se desplazó hacia abajo, Oscar hizo un esfuerzo para mantenerla de pie, trastabilló y miró hacia la orquesta como pidiendo ayuda. Reculó unos pasos y de reojo vio el waffle de sonido, se apoyó con una mano para no caerse y decidió salir de esa situación.

-         Bueno, a la cuenta de cuatro, Usted se va a despertar: cuatro, tres, dos, uno.

La mujer despertó con cara de asombro. El aplauso fue general, alguien se paró y lo siguieron todos.  Se escucharon los bravos ahora vociferados por más personas. En ese momento, con la orquesta, tocamos el tema de cierre. Era el final del show. Oscar saludó varias veces agachando su cabeza y abriendo sus brazos como el hombre de Vitruvio y luego, con un saltito elegante, desapareció de escena y se dirigió hacia el camarín, Tocamos una vuelta más del tema y crecían los rumores de satisfacción en la gente. Cuando se produjo el silencio de la orquesta, pusieron música funcional y nos retiramos también elegantemente. Cuando nos reunimos con Oscar en el camarín, estaba secándose la transpiración y parecía agitado.

-         ¿Ustedes pueden creer que la vieja se durmió en serio?


 


jueves, 30 de abril de 2020

Convivencia




Convivencia.
Ed Pareta 30/4/2020

Tuve la suerte de caer en una casa donde usan la expresión “Es de buena madera” para referirse a una cosa o persona noble, y nunca usan “sos de madera” para referirse a una persona de pocas luces. No me quejo. El trabajo es bastante bueno aquí, solo hay que soportar las discusiones que tienen encima de mí, sobre todo en la cena. A veces, hasta quiero aprender a hablar para refutar algunas cosas que escucho. El otro día, hará una semana  -ya me acostumbré a medir el tiempo como ellos, mantuvieron una discusión acerca del existencialismo. De eso no entiendo.  Fue brava: en un momento creí que se iban a las manos. Pero eso no va a pasar, solo es la efervescencia del vino que los pone chispeantes. Cuando ellos derraman el vino, yo lo recibo de buena manera: eso sí, no soporto la lavandina que me pasan al otro día. Que porquería la lavandina.
Los desayunos son más tranquilos; por lo general, hablan de ecología, de eso entiendo mucho, me interesa y paro mis antenas. Están preocupados: el mundo va a la deriva, dicen. Suelen estar de acuerdo en el pesimismo y no pelean. Las charlas se cierran casi siempre de la misma manera: uno de los dos pregunta “¿Cómo será tu día hoy?”,  y el interrogado presenta una lista de actividades que va a desarrollar en la jornada. Levantan las cosas que contengo en una práctica de cooperativismo tácito, y pasan un trapo ligeramente, celebro que no sea exhaustivo, me encanta la miel que baja por mis vetas, espero ese momento de la mañana.
El resto del día, poco y nada.  A veces ella compra una porción de torta para la merienda, por lo general es de chocolate. Creo que es el invento humano que más me gusta.  La disputo, eso sí, con los dos gatos que se lanzan desesperados hacia las migajas, pero algo siempre queda para mí.
No me quejo. El trabajo que derivó de mi condición de árbol no es pesado. Peor hubiera sido soportar la permanente humedad que se padece en un barco o la quietud decorativa estampada en una pared de comisaría. Son raros los humanos. Extraño el bosque.

sábado, 18 de abril de 2020

Medanos


Médanos
Ed Pareta abril 2020


Esa tarde de verano caminamos más lejos de casa, no había que ir  a la escuela al otro día. Cuando voy con mi hermano Roberto, no tengo miedo. Una vez me defendió de un chico más grande que yo, que era del pueblo nuevo; me había hecho una trabada y caí para adelante. Por suerte mi hermano estaba cerca y vio todo, lo corrió mientras le gritaba que me dejara tranquilo o le iba a romper los dientes de una trompada. Cuando volvió me dijo con la voz agitada: -“Este no te va a molestar más”-.
Salimos del pueblo y caminamos por las vías en dirección a los médanos; nunca venimos para este lado, mami siempre dice-“¡No vayan a los médanos!”
_ ¿Vos sabes porque no nos dejan venir para acá? le pregunté
_No, nunca me lo dijeron.
Mi hermano es cinco años más grande que yo y es grandote, siempre me cuida para que no me pase nada. Mientras caminábamos, me imaginaba qué es lo que hay allá: ¿un hombre malo? ¿Un viejo que les pega a los chicos? ¿Animales salvajes? Papi contó que una vez apareció un puma en el campo de Silvi. De pronto escuchamos unos ruidos entre los pastos al costado de las vías y algo se movió rápido. Mi corazón latió fuerte. _Es un cuis – dijo mi hermano. Alcanzamos a verlo cuando bajó por la montañita y se perdió en una cuneta.
_ ¿Y si viene el tren justo ahora? – pregunté
_No, ya pasó el tren que viene de Buenos Aires.
Yo me quería volver pero no dije nada, hacía calor y el sol todavía estaba alto. No se veía a nadie por ahí, solo pajaritos, mariposas y algún perro vagabundo.  _Allá se ven _dijo mi hermano y camino con más entusiasmo. Pensé en la hora de la comida, tenía hambre y sed pero no me quejé, Papi y Roberto me cargan cuando voy a la obra con ellos, me dan un martillito y una bigornia y me mandan a picar ladrillos para el contrapiso, mi mamá me prepara dos sanguches y bebida y yo cada cinco minutos paro para comer, ellos dicen que soy haragán y se ríen.
Por fin llegamos a los médanos, nos quedamos mirando un ratito y me tranquilicé, ahora pronto volveríamos a casa. Roberto se puso a escarbar, la tierra estaba blandita porque había llovido el día anterior. Yo también escarbé mientras miraba para todos lados por si aparecía alguien.
_ Mirá – me dijo
_ ¿Qué es?
_ No sé, parece una punta de flecha, es de piedra.
_ ¿De quién sería?
_De los indios.
_ ¿De los indios? pregunté mientras miraba si venían a buscarnos.
_Sí, papi me dijo que acá había indios.
_ ¿Y ahora?
_No, ya no.
Seguimos haciendo un pozo en el costado de un médano. Mis manos se habían puesto negras del barro, miraba la sombra y parecía un gorila grande, lo agarré del cogote a Roberto.
_ ¿Qué haces?  
_ Mirá la sombra, parece un gorila.
_ Para, acá hay algo.
_ ¿Qué es?
_No sé, ayudame, anda sacando la tierra a un costado.
Roberto siguió escarbando con más fuerza y de reojo vi algo blanco, redondeado.
_ Es algo duro.

Lo golpeó con la punta de flecha que habíamos encontrado, sonaba hueco.
De pronto Roberto sacó una bolsa del bolsillo y guardó  aquello, se paró y me dijo: Vamos - Y salió corriendo, yo atrás de el sin saber lo que había puesto en la bolsa, corrimos y corrimos un tiempo largo, cuando las fuerzas no nos dieron más, paramos.
-         ¿Qué había?
-         Una calavera.
-         ¿En serio?
-         Debe ser de un indio.
Caminamos sin decir nada hasta que llegamos al paso a nivel, doblamos a la derecha y ya estábamos de nuevo en el pueblo.
- ¿Pero lo trajiste ahí en la bolsa?
- Sí, no digas nada.
- Escuchame, “Gurrumín”, cuando lleguemos a casa, vos entretenela a mami y yo paso directo a la pieza.
- Está bien, pero no me gusta nada esto.
- Quedate tranquilo, no va a pasar nada.
Yo soy el menor de cuatro hermanos: dos varones y dos mujeres. A mí me dicen Gurrumín. Comparto el cuarto con mi hermano, y por ser el más chico, a veces me salvo del enojo de papi. Como esa vez que se levantó de la siesta y nos encontró fumando “Fontanares 12” debajo de la higuera. Manoteó una madera con un clavo y nos corrió; yo me tiré debajo de la cama y estuve ahí un buen rato hasta que todo se calmó.
- Hablé con mami que nos preguntó dónde habíamos estado.Pero Roberto guardó la bolsa rápido y contesto antes que yo:
- En el club.
- Qué raro, porque el Vasquito vino al bar con su papá, venían del club y no me dijo nada de que los había visto– dijo mami.
- Sí, lo vimos al Vasquito pero él no nos vio porque después nos fuimos al campo de Cappa a cazar pajaritos.
- Bueno, lávense las manos que pronto va a estar la cena.

Nos miramos aliviados, aunque yo no podía con mis nervios. ¿Cómo haríamos con eso ahí? ¿O mi hermano tendría otro plan? ¿Lo llevaría al baldío que queda antes de la casa de la tía Isabel,  No pude preguntarle en ese momento. Nos lavamos las manos y nos cruzamos con las chicas que nos miraron como diciendo;- “Ustedes esconden algo”-. Casi siempre comemos los cuatro porque mami y papi atienden el restaurante. Yo miraba el plato para no mirar a mis hermanas a los ojos. No tenía que contar lo que escondíamos,  porque Roberto se enojaría conmigo. Las chicas ayudaban con las tareas de la casa y sirvieron la comida como todos los días. El colchón de arvejas es uno de mis platos preferidos, la comida me distrajo por un momento.  Después de comer,  me fui un rato al salón del bar donde casi todas las noches hay guitarreada, no quería irme a dormir con ese coso en algún lugar de la pieza. Papi cantaba alguna zamba con el Clifton en los labios y apagaba las brasas que quedaban en la parrilla y; después dijo: “Se cerró la cocina” como para que nadie le pidiera algo más de comer.

A la una de la madrugada, todas las noches se corta la luz en el pueblo hasta las seis. En verano, me dejan estar hasta un poco más tarde: me mandaron a acostar a las doce; mis hermanos se quedaron hasta que cerró el bar y ayudaron  a limpiar. Fui a la pieza, prendí la luz y me tapé todo aunque hacía calor. Dejé la luz prendida. Intenté dormirme pero no pude, no sabía todavía dónde Roberto había guardado eso. Miré debajo de mi cama pero ahí no estaba. Transpiraba y el corazón era un galope de caballos. Al rato, vino Roberto a dormir:
- ¿Qué hacés tapado con el calor que hace? ¿Le tenés miedo a una calavera?
- ¿Dónde la guardaste?
- Acá en el ropero, mañana vemos que hacemos, no le tengas miedo, los   muertos no molestan, hay que tenerles miedo a los vivos como dice papi.
- Sí, tenes razón - le dije.
Luego, una vez terminada la tarea y preparado todo para el otro día, mami pasó a rezar el padre nuestro y nos dio las buenas noches, apagó la luz y quedó todo en silencio. Un perro ladró a lo lejos, no se veía  nada, no se escuchaba nada. El tiempo no pasaba, hice fuerza con los ojos para cerrarlos más y que pareciera que me dormía. Los abrí de nuevo, creí ver una claridad, los cerré rápidamente porque me asusté. Se me puso la piel de gallina y seguí transpirando. Pensé: Soy un tonto. No pasaría nada como me dijo Roberto. Ojalá tuviera la serenidad de él: para eso tenía que esperar a ser más grande. El tiempo no pasaba. Cada tanto abría los ojos para ver si ya estaba clareando, pero seguía todo oscuro.
El indio apoyó la flecha larga en mi pecho, me dijo algo que no entendí y con cada  palabra me afirmaba más la punta de la flecha, me lastimaba. Estaba enojado. Estaba con un indiecito y busque su mirada para entender, pero también me miró mal. Pensé que me iba a morir. Intenté llamar a Roberto para que me defendiera pero estaba paralizado, no podía hablar.
-         Chicos, a levantarse.
Me desperté sobresaltado, no sé cuándo me dormí, ya era de  mañana. El sol entraba con fuerza por la ventana. Roberto todavía dormía. Respiré hondo, me tranquilicé, después  me reí: no había pasado nada, había sido solo mi imaginación. Me senté en la cama y sentí una molestia, me llevé la mano al pecho y con el dedo toqué  un agujero chiquito que había traspasado la remera.

-          





jueves, 19 de marzo de 2020

El Espinillo






El Espinillo.
Ed Pareta verano 2020

-         En la localidad de El Espinillo, a los 12 días del mes de abril de 2018, queda constituida una nueva sesión de la asamblea en defensa del ambiente que tendrá carácter resolutivo en cuanto a las actividades y/o posiciones que de ella surjan y resulten votadas por la mayoría simple de los presentes. -Bueno, hasta aquí la parte formal – dijo Walter leyendo el libro de actas. -Queda abierto el debate. ¿María levantaste la mano?
-         Sí Walter, nos conocemos hace muchos años y creo que nos tenemos afecto mutuo; desde ese lugar te hablo. Pero me quedé preocupada por lo que pasó en la asamblea pasada, en concreto por lo que dijiste acerca de los nuevos ricos del pueblo; en realidad no por ellos, me importan un bledo ellos, pero la salida que propusiste, te digo la verdad, me inquietó bastante. Nada más.
-         Entonces, ¿lo ponemos como temario? – preguntó Walter-
-         Sí por favor.
-         Ok, ¿alguien quiere proponer otros temas?.
-         Sí – dijo Ezequiel, el más joven de la asamblea junto con su pareja Daniela.  Yo quiero proponer que desenmascaremos de una vez por todas a la policía local y provincial que apaña a estos hijos de puta.
-         Ok ¿cómo lo redactamos entonces?  Denunciar la connivencia política y policial con los detractores del medio ambiente, algo así. ¿Alguien más?  ¿Humberto?.
-         Sí, gracias, Walter, En primer lugar lo que propone Ezequiel, es complicado; es un pueblo chico y hasta el propio comisario compra en mi negocio y mantenemos una relación cordial. Además, quiero proponer que le llevemos una inquietud al concejo deliberante para que, además de cuidar el ambiente, lo publicitemos como lo que es: un microclima con uno de los mejores aires respirables del país  y que de esa manera propulsemos el turismo, en ese sentido, los de Merlo, nos vienen cagando hace años, perdón por la expresión.
-         Ok, ¿entonces vos decís que le propongamos a los inútiles de los concejales que trabajen? Perdón por la expresión – dijo Walter
-         Perdón -interrumpió Ezequiel. Se ve que hay distintos tratos de las autoridades, a mí me llevaron una noche de la plaza por averiguación de antecedentes y todos saben en el pueblo que soy el hijo de la Porota.
-         Ok, entonces, si nadie propone más temas, tenemos tres. ¿Alguien más? ¿nadie?. Ok. Entonces los temas son estos
-         -Hola, perdón por llegar tarde – saludó Ofelia, la abogada,  entrando al recinto. Yo quería proponer como tema el marco legal de los ruidos molestos, pero adelanto que no hay mucho,  salvo el artículo 41 de la constitución nacional, pero habla de generalidades y no de ruidos concretamente.  En  las ciudades grandes como Córdoba y Buenos Aires, sí hay ordenanzas más específicas pero en estos pueblos, no
-         Ok, entonces agregamos el tema legal de los ruidos molestos. ¿empezamos? – propuso Walter – son cuatro temas. Bien, a ver, María: por supuesto yo también te tengo afecto y sabes que con tu marido éramos muy compinches; dicho esto, me gustaría hablar en sentido figurado: pero no, de un tiempo a esta parte, pienso que el único código que ellos entienden es el de la violencia y que habría que matarlos. Silencio y rumor – Continúo: ustedes saben que desde que el boludo de Ramírez le vendió ese lote grande al pie de la sierra a los Saldías, dueños de media argentina por si no lo recuerdan, estos tipos están haciendo lo que quieren, por ejemplo: salen a pasear en helicóptero a la hora de la siesta. Los que se hospedan en las  cabañas me preguntan y yo no tengo respuesta, eso entre otras cosas que nos vamos enterando. Encima, se las vendió por dos mangos.
-         Perdón, bo– interrumpió el uruguayo Mateo, propongo una moción de orden: ¿qué es lo que se está discutiendo acá?, ¿Si hay que matarlos o no? Porque, si es eso, yo estoy me apronto eh.
-         No – dijo categóricamente Walter. No se está discutiendo concretamente eso, Mateo, es una opinión mía luego de ir reiteradas veces a pedir a la policía,  y al concejo deliberante y que  no me den bola. Como dice Ezequiel: acá hay una connivencia entre estos tipos y el poder político y policial. Esto es así. El que no lo quiera ver…
-         Yo también opino que habría que matarlos – dijo Ezequiel
-         Sí, yo también. aportó Daniela, que escribía el libro de actas con el resumen de lo que se estaba charlando.
-         Yo no puedo creer que se esté discutiendo esto en esta asamblea. Vos, Walter, que sos una persona enamorada de la vida, no lo puedo creer ­– dijo María.
-         Por eso mismo, María, porque me gusta la vida en toda sus manifestaciones, pero llegamos a un punto límite que significa o ellos o nosotros, a ver si me explico – Walter respiró hondo como para armarse de paciencia y tratar de explicar mejor sus argumentos – El uno o el dos por ciento de la población está cagándole la vida a todo el resto y te digo más, tanto yo como vos, tenemos nietos y si no hacemos algo, ya no podrán disfrutar del mundo como nosotros lo conocimos, en esa situación nos encontramos.
-         Sí, estoy de acuerdo con ese diagnóstico, no soy una necia, pero de ninguna manera puede ser la solución tener los mismos métodos que ellos y salir a matarlos. Insisto: no puedo creer que estemos discutiendo en estos términos. Todos saben que yo tengo una formación y tradición cristiana, y como tal, me opongo a pensar siquiera en esa posibilidad- dijo María denotando un poco de enojo.
-         Yo estoy de acuerdo con lo expresado por María – dijo Humberto
-         A ver – interrumpió Ofelia tratando de poner un poco de calma a la discusión. En las vísceras y, si me apuras, estoy de acuerdo con Walter, pero soy abogada y no puedo pensar en nada fuera de lo legal; propongo que discutamos acciones posibles y no esta locura. Todos conocemos a Walter y su humor negro.
-         Perdón – dijo Walter con firmeza,  no es ninguna locura. Locura sería que sigamos como si nada viendo pasivamente cómo se destruye el planeta. Pero además quiero aclarar una cosa, incluso antes  de que se formara esta asamblea, me cansé de presentar escritos, proyectos de resolución al concejo, notas a la policía local, notas a la gobernación, ¿todo para qué? Para nada. Me enfrenté cuerpo a cuerpo con los “cabeza de termo” que andan en cuatriciclos rompiendo la paz que caracteriza a esta zona, y logré algo en ese sentido, pero recién cuando me  cague a trompadas con ellos. No quiero hablar de mí, solamente lo pongo como ejemplo. No sé, ¿qué piensan los demás?
-         Nosotros, y hablo por mí y por Daniela, estamos de acuerdo en, por lo menos, que se trate el tema – acotó Ezequiel.
-         Yo ya te dije que hay que amasijarlos  sin vueltas– dijo Mateo sin dudar.
-         Aporto un dato – siguió Walter – nosotros ya tenemos nuestro “lago escondido” porque ahora para llegar al cauce alto del río Chañar, tenemos que pedirle permiso a los Saldías y, si a ellos se le canta el culo, te dejan pasar. Pero por ahí habría que cambiar el sentido de la discusión: yo no propongo salir a matar concretamente a las personas, digo que tendríamos que repeler las acciones con otras acciones equivalentes. Por ejemplo, si pasa el helicóptero a las dos de la tarde, tirarle algunos tiros al aire. Daniela, modificá el temario en el libro.
-         De todas maneras estamos “errando el vizcachazo” – dijo Humberto
-         Yo me quedé pensando toda la semana en esto y creo necesario recordarles el punto seis del decálogo: que dice “no matarás”
-         Supongo que también habrás leído el Romano 6:23, ¿no? – dijo Walter.
-         Sí, por supuesto, pero ahí habla de una muerte simbólica y la salvación de la vida eterna en Cristo, eso es lo que interpreto, Walter.
-         Perdón, María, y con todo respeto, la biblia es literatura, creo que acá en la asamblea somos más los agnósticos, ateos o como se le llame – dijo Ezequiel.
-         De acuerdo bo – dijo Mateo que ceba el mate – ¿Saben el origen de mi nombre?  Mateo: muy ateo – Risas.
-         Che, que esto no se convierta en una discusión teológica, por favor  dijo Ofelia.
-         Pero ya aclaramos que no se trata necesariamente de matar a una persona sino los hechos – dijo Ezequiel-
-         Perdón – interrumpió Daniela levantando la vista del libro de actas – Hay que tener en cuenta el contexto tal como lo señaló Walter: creo que llegamos a un punto extremo y en ese sentido hay que evaluar lo que estamos discutiendo. Estamos en guerra.
-         De acuerdo, pero, aun así, no podemos plantearnos ningún hecho de violencia como asamblea. Hay que agotar todas las instancias formales de petición a las autoridades, no tenemos personería jurídica siquiera, salvo que pasemos a la clandestinidad a la manera de los setentas – dijo Ofelia con un tono de ofuscación.
-         Sí, ¿por qué no? – dijo Ezequiel entusiasmado.
-         Entonces, propongo que votemos este tema, concretamente, y después de modificar el temario quedaría así: “Dado el agotamiento de recursos formales de petición ante las autoridades competentes, se procederá a repeler con violencia los hechos concretos que alteren la paz del pueblo y atenten contra el ambiente en su amplio espectro con el consecuente perjuicio a las actividades de turismo ecológico y sus consecuencias económicas y de calidad de vida para los habitantes de El Espinillo”.
-         De ninguna manera - dijo María con enojo. Propongo posponer la asamblea para la semana que viene, en este caos no se puede debatir una idea ni reflexionar sobre este tema, sería una lástima que todo el trabajo que venimos haciendo se vaya al diablo.
-         Estoy de acuerdo con María, tomemos una semana para pensar cómo seguir - dijo Humberto.
-         Sí, de acuerdo – dijo Ofelia.
-         Yo no estoy de acuerdo con dejar de discutir el tema, pero si se trata de preservar la asamblea, estoy de acuerdo en posponerlo – dijo Ezequiel.
-         Yo también - acompañó Daniela.
-         Sí, de acuerdo- siguió Mateo.
-         Entonces, anotá Daniela: queda suspendida la asamblea del día de la fecha por graves disidencias sobre el primer tema propuesto pero, a su vez, la asamblea se compromete a tratar el tema en la próxima reunión.
-         Yo no estoy de acuerdo en tratar este tema directamente, no sé si voy a seguir, lo lamento- dijo María con tristeza. De todas maneras quiero que sepan que los quiero mucho. Se fue sin saludar con un beso a cada uno como hacía habitualmente.
-         Esta está mal – dijo Mateo mientras guardaba el mate. Los buenos nos peleamos y los malos siguen haciendo de las suyas, es una cagada bo.
Walter se puso la campera en silencio, saludó a todos y salió a la calle para caminar como siempre hasta su complejo que está a dos kilómetros del centro.
-         “Después de todo, no tiré a matar” – pensó.


lunes, 23 de diciembre de 2019

Enero. Ed Pareta 23/12/2019


Enero.


Me gusta el verano. A diferencia de Martino, a mí en el verano no me dejó ninguna pareja y no guardo nostalgia con la estación. Aquellos eneros de los años setenta, en la hora de la siesta, teníamos que hacer riguroso silencio para el descanso del patriarca; Que no vuele una mosca  decía mi viejo antes de trasponer la puerta de la habitación, de lo contrario, ardía Troya. Todo se animaba a eso de las 16 30, hora en que se levantaba el viejo y si había descansado bien, casi siempre tenía algún plan para toda la familia. Primero se regaba el patio y luego, una vez que la tierra mojada y su aroma daban sensación de frescura, nos sentábamos en un círculo a comer sandía, podría ser melón, pero las más veces era sandía y esta actividad era una fiesta para nosotros y para las moscas que venían volando desde todos los puntos cardinales.
Me acordé de un cuento. Dos ejecutivos buscan un lugar para almorzar, un restaurant limpio, eligen uno en cuyas vidrieras externas hay sendos carteles que dicen: ¡!!Guerra a las moscas!!! ¡!!Combata a las moscas!!! Deciden entrar, una vez ordenado el primer plato, que era una sopa, encuentran en ella una mosca. Mozo, como puede ser, afuera carteles Guerra a las moscas y lo primero que vemos es una mosca en la sopa, ¿cómo puede ser?
-         Hoy perdimos – les dijo el mozo resignado.
Nosotros, la familia, muchas veces perdimos contra las moscas, pero a pesar de ello, eran momentos de felicidad. No hablábamos, solo se escuchaban los ruidos de los dientes entrándole a esa masa esponjosa y roja y el posterior escupitajo de la semilla. El sonido de algún auto perezoso que venía por Huergo y doblaba en Alem marcaba el inicio de la actividad de la tarde calurosa y el ostinato vibrante de los bichos. El arrullo de las palomas y hasta algún gallo haciendo horas extras con su canto vespertino, el pueblo, aún mantenía una impronta rural por entonces.
La radio, desde un lugar adentro de la cocina, nos traía noticias del mar. No teníamos la cultura de ir a la costa a veranear. Luego del frustrado destino en San Clemente adonde nos iríamos a ir a vivir con toda la familia, por muchos años no fuimos al mar. La voz de Velasco Ferrero me evocaba la sensación de la playa y hasta percibía la brisa húmeda.
“Para tu piel de verano muchacha” Repetía el animador y presentaba la canción homónima del grupo Mantra: Tengo mil besos que guardé en el invierno y mil caricias reservadas para ti Escuchando la letra de este  leit motiv,  un día sentí quizás los primeros cosquilleos del deseo, la radio seguía y me abstraía por un momento pensando en una primera novia y si tendría yo guardados mil besos del invierno ¿sabría besar  cuando llegara ese momento?  Practicaba poniendo dos dedos a la manera de labios pero otra cosa será cuando suceda.
-Tiren las cáscaras en esta bolsa, se las guardo para Argumero que tiene chanchos – podría haber dicho mi madre cortando el momento de ensueño.
- ¿Ya abriste el negocio? –  le preguntaría mi viejo en un tono carente de intencionalidad
- Ya voy – le contestaría mi vieja – es temprano, no anda nadie con este calor.

La tarde de verano entonces, arrancaba con un ritmo lento, cada cual salía del círculo de la sandía y se dirigía a cumplir sus respectivos intereses. Algunos días íbamos al balneario municipal en bicicleta, otras veces, algún amigo con pileta nos invitaba a mí y a mis hermanos a su casa. Luego tomábamos mate o esperábamos el carro de Romano y le comprábamos los famosos sándwiches helados, elegía el clásico de chocolate y limón. Me gusta el verano, y a diferencia de Martino, no espero que llegue el invierno para que cubra con la nieve la nostalgia de un amor perdido, sólo deseo que algún amor llegue con el fuego ensoñador de las tardes de enero.

domingo, 27 de octubre de 2019

Billie Holiday


Billie Holiday
Lo que cuentan las corcheas.
Ed Pareta Octubre 2019.


Billie Holiday

Los numerólogos creen que los nombres llevan consigo misterio y condicionan la suerte de quienes los portan. Billie Holiday es un nombre que suena fluido, musical, alegre. La cantante adoptó este first name por dos razones: en homenaje a la actriz Billie Dove y porque su padre, de niña, la apodó Bill por su carácter varonil. En cambio su apellido, que suena a tiempo libre, a ocio, a vacaciones, es simplemente el paterno.
En el año 64, en un flamante sillón de formas redondeadas, una pareja lleva los sentidos al paroxismo: los taninos de un tinto añejo, la copa de boca ancha haciendo balancear el líquido con un leve movimiento de muñeca y la canción I´ll be seening, interpretada maravillosamente por Billie, redondean un clima perfecto. A través de la ventana se ven relámpagos a lo lejos. Afuera el mundo se está moviendo: continúan la guerra fría, las movilizaciones por los derechos civiles, el entusiasmo de la carrera espacial en un marco de economía floreciente; se vislumbra la conquista de libertades sexuales; y se consolida una nueva música frenética: el rock and roll. Adentro, en el living, el tiempo se eternizó en un momento de paz.
Las dos gardenias que adornan el pelo de Billie y su sonrisa fresca no hacen sospechar que tuvo una vida tormentosa: fue abandonada por su padre, trabajó desde muy chica por unos pocos dólares y pasó por diversas viviendas precarias y temporales junto a su madre durante la Gran Depresión. Solo la música de Louis Armstrong y Bessie Smith la hacían feliz. Hasta que, pasado algún tiempo, se convirtió en una estrella en el firmamento del jazz.
Lady Day, apodo que le legó su amigo Lester Young, tiene en su haber dos récords dignos del Guiness: fue la primera cantante negra que integró una orquesta de blancos y popularizó una canción que muchos críticos consideran la primera de protesta: Strange fruit, que habla de los cuerpos de los negros colgados de los arboles como extrañas frutas, producto del odio racista. Columbia le aconsejó no grabar esta canción.
Otra hubiera sido la historia, según los numerólogos, si hubiera adoptado su nombre real: Eleanora Fagan Gough.