sábado, 18 de agosto de 2018

Sangre, sudor y lágrimas

Sangre, sudor y lágrimas

Ed Pareta /Los ´70

En la década de los ’70, guardé nombres, melodías, datos y dilemas para resolver en otro momento, así fue, esperando que algún día, exista una herramienta que me ayudara con tal empresa.
El enunciado, quizás se lo escuché a mi viejo cuando se ponía a hablar de política y yo le prestaba atención aun cuando no entendía. Seguramente, me lo dijo en castellano aunque él había aprendido a hablar inglés de joven cuando vivía en Buenos Aires. “Sangre, sudor y lágrimas” es la reducción de una frase que pronunció en el contexto de un dramático discurso Winston Churchill en la cámara de los comunes a ocho meses de comenzar la segunda guerra mundial el 13 de mayo de 1940. No sabía por entonces que esa frase le daría nombre a una mítica banda que tuvo su apogeo en los años setenta: “Blood, sweat and tears” pero en algún intersticio del éter, a través de un aparato de radio de algún comercio, o en la casa de discos que estaba ubicada frente a la plaza del pueblo que ponía unos parlantes en la parte exterior, en algún lugar me tomo por asalto esa música que me impactó. Quizás, escuchar los “caños” de “Spinning Wheel” me decidió años más tarde a aprender a tocar la trompeta, es posible, pero no sabía cómo se llamaba el tema ni la banda. Con mi hermano Roberto nos preguntábamos ¿cómo sería el año 2000? Faltaba mucho para que llegue pero nos daba mucha intriga, él hacía unos bosquejos de ciudades futuristas adonde los automóviles flotaban y los rascacielos eran altísimos ¿Cómo sería todo en el futuro? Lo que sí es seguro, es que no nos imaginábamos la llegada y permanencia de internet, herramienta con la cual trato de develar esos dilemas guardados en la memoria, por ejemplo, de la banda que se creó en 1967 y cuya existencia llega hasta nuestros días.

18/8/2018 

jueves, 8 de febrero de 2018

"El Marinerito" Ed Pareta Febrero 2018

"El marinerito"
Relatos de carnaval.


Todos los febreros, durante muchos años, "El marinerito" abordaba un servicio regular de la "Empresa Rojas" y emprendía viaje hacia el oeste, hacia Lincoln más precisamente, iba a los carnavales que se realizan en esa ciudad que por su particularidad, son considerados únicos en el país.
En su maleta seguramente llevaba bien doblado el disfraz de marinero junto con las prendas y vituallas que se requieren para instalarse unos cuantos días en un hotel,
Aparecía generalmente la primera o la segunda noche de corso oficial con su atuendo sin más ornamentación. Era un hombre menudo, semi calvo y ninguna otra particularidad física destacable.
La rutina consistía en revelarse de la nada y sumarse a los elencos de "Samba Samba" o "La bandita de Coco", la elección de uno u otro elenco era circunstancial, un día estaba con "Samba Samba" y otro con "La bandita...", Siempre se ubicaba en la primera fila y bailoteaba con pasos ágiles y cortitos pero su cara no transmitía sensación alguna.
Posiblemente, dejó de participar en la década de los '90 cuando la realización del corso se interrumpió por motivos económicos.
Se supo que tenía un comercio en el barrio de Once (Buenos Aires) pero no sé sabía su nombre, todos lo conocían como "El marinerito".
Los febreros, durante muchos años, se le entregó virtualmente la llave de la ciudad, el misterio sobre su persona lo guardó celosamente el "Rey momo'

miércoles, 3 de enero de 2018

CAUSAS Y AZARES

CAUSAS Y AZARES.
Ed Pareta enero 2018

Causas:
En realidad, es “la causa” en singular, el tema es más o menos así: venía rodando bien por la ruta 7, nada de camiones, poco tránsito, conectándome con el placer de manejar cuando de pronto…tráckate!!! se rompió el auto, los acompañantes preguntaron ¿Que pasó? - casi al unísono y es cuando hay que comunicar la "mala nueva"  a todos y la frase de ocasión dicha luego de levantar el capó y darse cuenta que no vas a poder solucionarlo sin ayuda: "Veníamos tan bien" (esta frase quedará para el anecdotario del viaje)
El mecánico llegó luego de despertar de un sueño que se corresponde con un 24 de diciembre, quizás pensó que el día se presentaría tranquilo  planeando el asado de la noche con la familia, pero algo alteró esa armonía. Su amigo el gomero que tiene el negocio al costado de la ruta, en la rotonda, lo llamó y le dijo algo así como que alguien se había quedado en la ruta.
-         ¿Qué sentiste? – me preguntó secamente el mecánico.
-         Venía lo más bien y pasando el puente de salida de Cocullú el motor perdió fuerza y ahí nomás, lo tiré en la banquina – le conté.
-         Hmmmm – frunció el ceño y se dirigió directamente a una tapa negra rectangular que está pegada a la entrada de aire.
Miró con detenimiento las herramientas que había desplegado en el piso y eligió una con el cuidado que requeriría una operación quirúrgica de alto riesgo. Mi ansiedad iba en aumento, colocó la llave en los tornillos y los fue sacando uno a uno, retiró la tapa y me miró unos segundos sin decir nada.
-         Estás jodido – me dijo.
-         ¿Qué pasó? – dije tratando de estar sereno.
-         Cortaste la correa de distribución.
-         ¿Y eso es grave?
-         Según como hayan quedado las válvulas, lo más posible es que se torcieron – dijo el mecánico que al igual que un médico, te ofrece un 10 % de posibilidades que la cosa no sea tan grave y agregó.
-         Lo vas a tener que dejar acá, hoy no te va a atender nadie.
-         Ok, si no hay más remedio – dije resignado.

Entonces “El Bordolino” se quedó al lado de un camión abandonado, seguramente charlaron y se hicieron amigos luego de compartir el destierro en el playón de la YPF de S.A de Giles.
-         Lo tuyo no es nada, yo estoy “tirado” hace meses acá – Le habría dicho el camión con un dejo de tristeza al “bordolino”.
Seguimos viaje hacia Lincoln en un remise para pasar las fiestas con la familia como es costumbre y la costumbre, como dice un axioma checo, es una camisa de hierro.

Azares

Pasamos la nochebuena con mucha paz debido a que por prohibición municipal, no se puede usar pirotecnia, el 25 se presentó calmo pero con una preocupación latente, tenía que rescatar el auto y no sabía con qué me iba a encontrar.
Los azares comenzaron el martes 26 con la pretensión de viajar a Giles lo más temprano posible, el empleado de la compañía que lleva el nombre del prócer de la bandera, me dijo con cierto goce:
-         No hay pasajes para Giles, te puedo vender para Junín y ahí haces la combinación.
-         Está bien – le dije con fastidio.

Me subí a la unidad atestada de gente, luego de chocar con bolsos, bolsitas, bolsones, codos, brazos y antebrazos y mirar los números diminutos de los asientos, llegue al mío y estaba ocupado, le dije amablemente al intruso y el personaje primero no creyo y luego cuando vió la evidencia, abandonó el mismo sin ganas y tomándose todo el tiempo.
Llegué a Junín y rápidamente recorrí las boleterías de las compañías, conseguir un boleto para Giles, sería un remedo bastante más  light de la batalla de Junín, pero batalla al fin.
-         No tengo nada hasta las 17 horas.
-         No pasamos por Giles (se me ocurre toda una declaración de principios)
-         Imposible, todo ocupado hasta mañana.
Estas fueron algunas de las respuestas que me dieron en las distintas empresas adonde pregunté, me sentí como los personajes de “Atrapado sin salida” de Ken Kessey / Milos Forman.  De pronto, llegó a plataforma una unidad de la empresa T.A The Silver y vi en el derrotero que tenía parada en Mercedes que quedaba cerca de mi destino, saqué pasaje y me subí, era una unidad nueva que iba semi vacía y con un clima perfecto, ahora me sentí como Randall MacMurphy el personaje que interpreta Jack Nicholson en “Atrapados…” o sea una percepción de liberarme del estancamiento pero sin la necesidad de enfrentarme con los enfermeros.
Entre los azares se cuenta la visión inequívoca de mi amigo “Fito” Barrios en un semáforo de una bocacalle que es transversal a la Av. Mitre en Chivilcoy. Este hecho me  reconcilió un poco con la causa que produjo tal azar.
A la hora prevista llegué a Mercedes, tenía que hacer tiempo para tomar el micro local que me llevaría a Giles, caminé con un sol que caía a pleno sobre mi cabeza, a pocos minutos de la caminata, me encontré en el centro de la ciudad, me pareció una ciudad agradable, con algunas casas antiguas de estilo neo colonial. Los juzgados, la frondosa arboleda de la avenida principal, le confieren un cierto aire señorial como una capital de provincia. Tenía hambre, me comuniqué con “Chiche” el mecánico que me haría el arreglo y me aconsejó que no me apurara, que no iba a adelantar tiempo por cuanto los comercios están cerrados por rigurosa siesta.
Decidí almorzar, encontré un restaurant que tiene recova como en el bajo de Buenos Aires y está justo enfrente de la catedral que fue en un principio una capellanía, la institución del clero castrense data de 1736 cuando, a instancias de Felipe V, el papa Clemente XII lo estableció con designación de un Capellán mayor o vicario general de los ejércitos españoles. Comí liviano, me sentí tranquilo pero con la preocupación de como terminaría la historia del arreglo del auto.
A las 14 40 no puntualmente, tampoco somos Suiza, partió el local de la empresa “Maestro Bus” y al cabo de un viaje corto de aproximadamente ’30 minutos llegué a Giles, más precisamente a el playón de la estación de servicio donde dejé  al “Bordolino” el mediodía del 24, llegó “Chiche” y corrimos el auto a la sombra de un día muy tórrido, el mecánico me pidió plata para comprar la correa en el centro y en ese lapso y en el lugar del improvisado taller, se formó un grupo de “amigos ocasionales” conocidos del gomero quien me había recomendado a “Chiche” , compartí unas gaseosas para mitigar el calor y cada uno eligió que historia contar para interesar al imprevisto interlocutor, entonces, al transcurrir la conversación, apareció lo que está yacente debajo de una máscara, la solidaridad básica, aquella ley no escrita que practican los conductores en los caminos de montaña “Si te quedaste en el camino, no te vamos a dejar tirado” les conté que había viajado a Lincoln a pasar las fiestas con mis acompañantes entre los cuales, se contaba a “Gitana” la perra de mi hija y que una vez arreglado el auto, volvería a buscarlos. Uno de ellos, me contó que era portero de una escuela pública y que sólo le quedaban dos días de trabajo hasta las vacaciones, él se lamentó...
-         Me hubieras dicho, yo te llevaba a Lincoln
-         Pero, si no nos conocíamos- le dije, risas generales.
Se sumó otro amigo que es pintor de casas en el pueblo y me ofreció, por si lo necesitaba, un galpón para guardar el auto a sólo una cuadra de allí.
Llegó el “Chiche” con el repuesto y se puso a trabajar, luego de un rato me pidió que le dé arranque, después de alguna que otra “tos” el motor sonaba como siempre, anduvo un rato y todos escuchamos la marcha expectantes, “Chiche” me miró y me comunicó lo que considero un regalo de navidad.
-         Zafaste.
-         ¿En serio? ¿Es así?
-         Si hombre, si no, no hubiera arrancado.
Me volvió el alma al cuerpo pero sobre todo, a la billetera, hicimos las pruebas pertinentes en la ruta, el mecánico me miró como diciendo, está bárbaro. Pagué con algún Plus por los servicios prestados y me despedí de mis nuevos amigos.
-         Cuando vengas de vuelta, pasa a saludar – me dijo el portero.
-         Así  lo haré – dije retomando la ruta 7 con orientación oeste.

Le tomé prestado el título de una canción a Silvio Rodríguez porque creo que la vida es una sucesión de “Causas y azares”

lunes, 25 de septiembre de 2017

Silvio.
Ed Pareta 25/09/2017
(Basado en un hecho real)



A veces el silencio es la palabra justa dice Hamlet Lima Quintana en “Elogio del silencio” y vaya si ese mediodía hubo palabras justas en el famoso hotel de  Córdoba y Maipú. Juro que me hubiera gustado charlar largo y tendido con él, pero no me atreví a romper el hechizo.
Llegué al lugar con una premisa clara de Cecilia “Hace tiempo un rato hasta que llegue y lo acompaño a hacer las notas de prensa pautadas”  Pregunté en la conserjería, mostré una credencial y subí al décimo piso,  me presenté ante un señor con pinta de guardaespaldas.

-            - Soy Edgardo, el secretario de Cecilia.
-            -  Si, ya me avisaron que vendrías, pasa

Una vez en el cuarto, Silvio me saludo serio, me volví a presentar ante él y no hizo falta que él lo haga conmigo, había más personas seleccionando material de prensa supongo.

-       -   Bajemos al lobby– me dijo Silvio lacónicamente
-         - Sí, claro – le dije

Bajamos por el ascensor los dos solos, el tiempo me pareció eterno, no cruzamos palabra en el descenso, por fin se abrió la puerta y estábamos en la planta baja, el miró todo el espacio y eligió un rincón tranquilo, nos sentamos frente a frente en unos confortables sillones y enseguida vino el mozo.

-         - Que se van a servir los señores – dijo con voz circunstancial el camarero.
-         - Un Whisky – dijo Silvio
-         - Otro para mí – dije para no desentonar.

Él me miro pero no dijo palabra, otra vez sentí la sensación de eternidad, se me ocurre que en ese lapso, podría haber transcurrido “El siglo de Pericles” pero claro, era mi sensación, el tiempo y la noción del mismo tenían una dimensión normal para el resto de los mortales. Llegó el pedido y empezamos a beber lentamente, hice un gesto de recostarme en el sillón para simular  tranquilidad, él me miraba y luego posaba sus ojos en el líquido que iba a degustar  para luego fijar la atención en un punto de una vitrina lateral y se quedaba ahí quizás pensando en una rima para una nueva canción.
Le disparé la primera pregunta: ¿La metáfora del unicornio azul a que se corresponde? ¿A un amor? ¿A la adolescencia? ¿Está basado en una anécdota personal? Pero no salió sonido de mi boca y no obtuve respuesta alguna.
Miré disimuladamente mi reloj para que no advirtiera ansiedad y luego miré sus pies, Cecilia, quien confesó haberse enamorado de él en su momento, comentó que en Londres había comprado unas zapatillas floreadas que le daban un aspecto más juvenil, lo decía con un brillo especial en sus ojos, siempre contaba la historia de cómo se había conocido con Silvio.
Conforme íbamos tomando, me animé a hacerle más y más preguntas, por ejemplo: ¿Cómo es San Antonio de los baños? Su pueblo natal ¿Cómo es su familia?  No me respondió porque esta vez, tampoco logré hablar.
Cuando el hielo empezó a hacer más ruido en el vaso por falta de Whisky, creí preguntarle por el tema “Ojalá” si es cierto que está dedicado a su primer enamoramiento, una tal Emilia Sánchez a quien le dedicó también “Te doy una canción” pero en ese caso ¿Qué significa “tu viejo país de difuntos y flores”? Y además: ¿es verdad que se olvida la letra y apela a que el público lo ayude cantando? ¿Qué en ese mismo tema el giro “Un disparo de Nievi” se refiere a un francotirador ruso llamado Nievi? ¿Es cierto que cuando habla un artista cubano también lo hace el estado, la revolución y los barbudos? ¿Y es por ese motivo que cuida tanto sus palabras? Cuando sólo quedaba el aroma del scotch mezclado con agüita del cubito me despaché con más inquietudes ¿Cómo se logra que una revolución sea sostenida y no bemol? ¿Es cierto que el rítmo del tema “La maza” está inspirado en la chacarera “Si no fuera santiagueño” de Les Luthiers? Las preguntas se me atropellaban en la cabeza pero ninguna pudo ser articulada.
Estuvimos un rato en ese estado al cual nos habíamos acostumbrado, habrían pasado unos 45 minutos creo, cuando a través de un espejo que estaba ubicado en una esquina del salón, vi que Cecilia entraba por la puerta principal del hotel con el apuro que la caracteriza.  Esto ponía fin a la odisea. Me quede con una sensación de alivio e impotencia.
Silvio Rodriguez realizó 4 conciertos en el teatro Gran Rex de la ciudad de Buenos Aires en el año ´87 con el acompañamiento de Afrocuba y luego de ir a otras ciudades, culminó la gira latinoamericana con un recital en el estadio de Ferro. Yo trabajaba por entonces como secretario de Cecilia, agente de prensa del evento, en ese contexto es que “casi” hablo con Silvio Rodríguez.



Nota I: la foto pertenece a la cena de despedida, mojitos mediante, el clima había cambiado con respecto a lo relatado en el texto.
Nota II: el nombre Cecilia no es el nombre real de la persona encargada de prensa de Silvio Rodriguez en ese evento.




sábado, 16 de septiembre de 2017

misivas célebres / otros autores



Buenos Aires 15/09/2017


Estimados herederos de:
 Charles Albert Poissant & Christian H. Godefroy
Autores del libro “Mi Primer millón”


Por la presente, solicito a Uds. tengan a bien considerar un nuevo plazo para la inclusión de mi experiencia en la edición ampliada y actualizada de vuestro libro.  La edición de un nuevo libro que están proyectando y que se extiende a personas de países emergentes y Argentina, en éste caso, no hace más que confirmar que el ensayo se convirtió en un clásico y referente para emprendedores de distintas latitudes en un mundo cada vez más globalizado.
Dicho esto y renovando mi agradecimiento por contemplar mi potencial por vuestra parte, es que quiero comentarles sobre la dificultad que estoy atravesando para ganar mi primer millón, tal es la premisa para poder integrar la lista de millonarios que lograron su primer millón y que  provenían de un origen humilde como es el caso de Henry Ford, Conrad Hilton y Aristóteles Onassis, entre otros.
Decidí realizar nuevos emprendimientos por considerar que con la docencia y sus magras paritarias, no llegaría a la meta- desafío que Ustedes proponen. En ese sentido es que incursioné en la agricultura arrendando una parcela de tierra en la parte más fértil de la provincia de Buenos Aires pero luego de un entusiasta comienzo, tuve las dificultades propias del cambio climático y la desidia de los funcionarios de distintos gobiernos, se inundó el terreno y no puede levantar la cosecha de soja (adjunto mapa de la inundación) Luego de esta experiencia, me presenté a una entrevista de trabajo en donde pedían para conductor de drones, servicio que está muy demandado por un vasto sector de la economía incluyendo medios masivos de comunicación y fue señalada por el jefe de gabinete de nuestro gobierno nacional (el equivalente a un primer ministro de una democracia europea) como una actividad con mucho futuro. En el aviso del diario solicitando personal, creí leer una coma que en realidad no estaba en la redacción original, a saber: mi interpretación fue la siguiente:   “Se requiere conductor de drones. Inútil, presentarse sin experiencia”  el texto en realidad decía “Se requiere conductor de drones. Inútil presentarse sin experiencia” por lo que fui desestimado para dicho trabajo.
Luego de cavilar algún tiempo, probé con una cervecería artesanal pero al hacer los primeros intentos, llegué a la conclusión que hay más cervecerías artesanales que verdades, en la época de la “Posverdad”.
En la actualidad, estoy desarrollando un micro emprendimiento, fabricación y venta de “Selfie Stick” o “palo de selfie” y las vendo en las letras BA emblema de nuestra ciudad y que están ubicadas en el obelisco. Estoy logrando un relativo éxito con la nueva actividad a pesar que me tengo que enfrentar con la mafia senegalesa quienes monopolizaron el negocio y les puedo asegurar que a veces me las veo negras.
En mérito al éxito antes mencionado es que les pido más tiempo para convertirme en un atípico “Self  made  man” y figurar al fin en la nómina que Ustedes compilan de los ricos que vinieron de un origen pobre.
Sin otro particular, saludo a Uds. Atte.

Humberto Estero

(Nominado para Argentina y Latinoamérica como aspirante al listado de personas que adquirieron su primer millón proviniendo de un hogar humilde)

lunes, 8 de mayo de 2017

Una noche muy rara


                                                 Freddie Hubbard


Una noche muy rara.

Ed Pareta 8/5/2017 (no ficción)


-Si tuviera que elegir un título, sería: “Una noche muy rara” no puedo precisar el día, pero sí el año: 1989. Se terminaba anticipadamente el primer gobierno elegido en las urnas luego de la dictadura. El ánimo social era de angustia e incertidumbre, en ese contexto, se presentaba en Buenos Aires, uno de mis referentes en la trompeta: Freddie Hubbard, quien me lo hizo escuchar por primera vez fue mi amigo Pablo en Lincoln, un día me dijo tajante “Vos tenes que escuchar esto” y entre otros vinilos, escuché el de Freddie y pensé: “quiero tocar así la trompeta”. La cuestión es que se presentaba en el centro cultural San Martín y la calle Corrientes, la que nunca duerme, era una postal de guerra, de esas que vemos en las películas, todos los negocios cerrados por temor a los saqueos que se estaban produciendo en distintos puntos del país, ese día del concierto fue el pico de tensión, los rumores de un estallido social aumentaban y como consecuencia el fin del gobierno de Raúl Alfonsín, las dudas y las contradicciones acerca del concierto, también crecían ¿Se va a hacer de todas maneras? Si se hacía, ¿Asistiría en estas condiciones a un concierto? Ésta última pregunta la descarté rápidamente de la duda, era la única oportunidad de escucharlo y verlo en vivo. El concierto se realizó, los asistentes a la sala “Martín Coronado” nos mirábamos incrédulos en los momentos previos a lo que iba a pasar, ¿iba a pasar? O ¿esperábamos sin decirlo ni desearlo algún contratiempo de último momento? En eso estábamos cuando irrumpieron en el escenario cinco grandotes con impecable traje oscuro y corbata al tono: Freddie Hubbard - Trompeta / flugelhorn  Don Braden - Saxos tenor y soprano, flauta Drew Salperto - piano Jeff Chambers - bajo y Ralph Penland - percusión. Sin mediar palabra, desplegaron una locomotora desbocada de buen gusto, el show transcurrió con mucha música y pocas palabras, creo haber escuchado que al concierto lo auspiciaba la embajada de E.E.U.U (que no cree en lágrimas) y la presentación de los músicos y no mucho más porque tampoco hacía falta. Luego de casi dos horas de esa alquimia, salimos a la inusual oscuridad de la calle Corrientes conmovidos aún por la música. Trocar de luces a sombras y viceversa, Paradojas de la sincronía.

domingo, 26 de marzo de 2017

L’aiglon.

Ed pareta 26/3/2017


(inspirado en un hecho real)

A poco de llegar, el invierno presentó toda su paleta de posibilidades, afuera llovizna, frío, humedad, adentro, un clima cálido, con luces tenues y ambiente agradable. Estas imágenes de claroscuro las observaba Esteban o también podría ser Eduardo o Ernesto, un detective menor que atendía casos de infidelidad y cambiaba su nombre para los distintos trabajos para los cuales se lo contrataba, enfundado en un Perramus  gris claro por debajo de la rodilla y un sombrero Príncipe de Gales con las manos en el bolsillo del abrigo, sacándolas de vez en cuando para administrar su cigarro. A diferencia del cuento de Saer,  estaba parado afuera, en la vereda de “La Americana”,  el detective miraba en diagonal al ventanal de la confitería que daba sobre la Avenida. El contraste de luz entre el entorno oscuro y la luz flamenca que venía desde adentro enmarcada por la ventana, daba una pintura de Johannes Vermeer, no sólo eso le llamó la atención sino que la actividad de las personas que estaban en esa mesa era un tanto curiosa , cuatro hombres y una mujer vestidos de negro, uno de los hombres sostenía un papel y conversaban acerca de algo que estaba escrito en el mismo, la gestualidad y los movimientos de las manos suponía una discusión, de todas maneras, no parecía ser grave por cuanto alternaban con algunas risas sincronizadas en tiempo e intención, luego de alguna deliberación, se producía un impasse  que era aprovechado para tomar de sus respectivas copas.
Carlos, que también podría ser Camilo o Cándido, andaba en busca de subir el nivel de su trabajo y por ende, cobrar mejor dinero, había leído mucho sobre el detective más famoso de ficción y le gustaría parecerse a él salvando las diferencias de época. Este grupo de personas vestidos  con saco negro, camisa negra y corbata negra, le sugirió la vestimenta de ciertos grupos masónicos y creyó descubrir la punta de una conspiración, recordó la frase de Igor Stravinsky  que le servía de guía en su profesión “El instinto no falla, si falla, no es instinto” y decidió entrar al local.
El adentro transcurría en la vieja confitería L’aiglon que estaba ubicada en la esquina de Bartolomé Mitre y Callao y fue fundada en 1927 por un grupo de españoles que hubiesen querido  llamarla “El Aguila” pero como ese nombre ya estaba registrado, optaron por  “L’aiglon” que  significa “águila pequeña” en la actualidad, funciona una franquicia global de cafetería.
Mario, que también podría ser Marcos o Mariano, pitó por última vez su cigarro y cruzó en dirección a la confitería, se detuvo a leer la placa de mármol ubicada en un lateral de la entrada que decía que el lugar fue declarado patrimonio histórico. Una vez adentro, miró barriendo todo el local con la mirada cual ventilador  y notó para su fortuna que había una mesa desocupada al lado de la incipiente conjura, se despojó del Perramus y el sombrero apoyándolos con cuidado en la silla libre y se sentó de cara al grupo, con sutileza de espía, sacó la libreta que usaba para tomar apuntes, enseguida vino el mozo y dudó un instante si pedir whisky o café, pero se decidió por el café, de algún modo, estaba trabajando. Luego de una mirada  general a los presentes,  se dispuso a “parar la oreja” a la conversación de la mesa contigua, escuchó el siguiente diálogo….
-         Ricardo, yo propongo para empezar  un tema instrumental como la selección de foxtrot y luego “es pecado mentir” que tiene cierto rítmo.
-         Puede ser y después arrancamos con los bailables – dijo Ricardo en acuerdo con su compañero.
-         No, mejor, porque no empezamos con “Tristeza” que a Emilio le sale tan bien con el saxo – dijo la mujer.
-         A mí me parece mejor arrancar con A mi manera – dijo otro hombre.
-         No, tenemos que generar cierta expectativa y recién el tercer tema puede ser cantado, además A mi manera es como un himno, podemos dejarlo para el bis.
De pronto, se acercó alguien a la mesa y dijo “ya tendríamos que empezar”
-         Listo!!!  dijo Ricardo, nosotros ya estamos y dirigiéndose al resto …Queda la lista que sugirió Mónica, vamos que si hoy tocamos bien, quedamos fijo todo el mes - se tomaron de la mano cual rito y pronunciaron vocablos indescifrables.
Alfredo, aunque también se podría llamar Alberto o Antonio se hizo una necesaria pregunta, están hablando en código y son más peligrosos de lo que creo o bien son músicos que van a tocar ahora mismo. No tardó en comprobar la última posibilidad, los cinco más el animador, se acercaron al palco y cada cual tomó su respectivo instrumento salvo Mónica que no iba a subir en los primeros temas y se quedó sentada en una silla al lado del escenario. Una súbita decepción invadió al detective, llamó al mozo y le pidió un whisky con carácter de urgencia cuando el acople del micrófono produciendo unos agudos terribles invadió la calma reinante, todos los presentes se llevaron ambas manos al oído hasta que el sonidista acomodó las perillas, el animador en tono canchero dijo: ¿Ahora sí? Y continuó….
“…Señoras y señores, la confitería L’aiglon les da la bienvenida una vez más, hoy con la presencia estelar y por primera vez de la orquesta “The Broadway melody” cuyo nombre se debe a la película homónima del año 1929 y que obtuvo un Oscar al mejor film de dicho año por ser la pionera en musicales llevados a la pantalla grande, la orquesta nos va a deleitar con las mejores melodías de todos los tiempos para escuchar y rememorar la mejor música del mundo, con ustedes….la orquesta “The Broadway melody”

Ricardo, sentado en la batería y ya contando el consabido un, dos, tres, cua…lo miró al animador con cara de pocos amigos porque no mencionó que la orquesta puede hacer bailar hasta a Santo Biasatti. Emilio soltó las primeras notas de “Tristeza” en su saxo tenor y ahora los sonidos eran agradables, el clima se renovó, los presentes se relajaron en sus asientos para vivir una jornada inolvidable, la melodía envolvente y el trago formaban una amalgama perfecta. El tema transcurrió y el aplauso final fue de agradecimiento por la música, aprovechando el clima logrado entre el público y la orquesta, Ricardo contó sobre el final de los aplausos para empezar el segundo tema que era la selección de foxtrot, que encabezaba “Cheek  to Cheek” . Las parejas se volcaron a la pista  y de pronto el animador tomó el micrófono y con tono desesperado se dirigió a los bailarines…
“No se puede bailar” repito  “No se puede bailar” “Está prohibido bailar”
El desconcierto fue general,  la orquesta paró de tocar, se prendieron las luces generales,  todos se miraron y pensaron que el animador había enloquecido por lo cual tuvo que dar las explicaciones del caso, tomó un papel que estaba previamente redactado y leyó:
“Querido público, de acuerdo a las últimas disposiciones municipales y luego de lo acontecido en el boliche Cromañon, el salón no cuenta con la habilitación correspondiente para que se desarrolle  normalmente el baile, en nombre de L’aiglon, les pedimos disculpas y les decimos que el problema se resolverá a la brevedad, sepan disculpar, los invitamos a seguir escuchando excelsas melodías”



Las parejas se dirigieron a las mesas sin comprender  lo que estaba pasando, la orquesta retomó “Cheek to Cheek” desde el principio y Daniel o podría ser Dionisio o tal vez Darío apuró el segundo whisky dispuesto a ganar la calle luego de pagar lo que había tomado, atravesó la puerta y empezó a caminar con dirección a la avenida Corrientes bajo una llovizna débil pero persistente pensando que el instinto le había fallado o estaba perdiendo el olfato de modesto cazador pero cazador al fin, pero de lo que no le quedaba duda es que había asistido al hecho más bizarro en mucho tiempo…”Prohibido bailar” replicó en tono jocoso mientras encendía un nuevo cigarro.